16 de diciembre de 2011

Battanbang

De nuevo iniciamos el día en movimiento. Es esta ocasión el viaje se antoja corto. Algo menos de dos horas separan Battanbang de Pursat, el pueblo donde hemos estado los dos últimos días.

Battanbang será nuestro penúltimo destino en Camboya. Estaremos un par de días y de allí a nuestro destino final en Siem Reap, donde visitaremos los increíbles templos de Angkor.

Monjes budistas en los templos de Battanbang
Pero no nos adelantemos. Subimos de nuevo a un autobús, y esta vez se agradece que el aire acondicionado esté moderado, porque poco a poco los tres vamos cayendo alternativamente con mocos y toses. En esta ocasión viajamos con una compañía mas usada por los locales que por turistas y a lo largo de nuestro recorrido se suceden una serie de paradas cortas en las que coger y dejar gente. En una de ellas en concreto se montan dos chicas camboyanas que nos intentan vender (a todos los presentes) bolsas con fruta pelada lista para tomar. Es increíble como cada uno encuentra aquí su manera de ganarse la vida.

Un poco antes de dos horas llegamos a Battanbang. El hostel lo reservamos desde una agencia en Phnom Penh y como pasa siempre (y mas en estos sitios) lo de reservar sin ver tiene sus riesgos. Como no estamos muy conformes buscamos otro hostel para la noche del día siguiente (teníamos ya una noche pagada en este) y tras discutir un poco (gran gestión de Aitor) conseguimos que para la noche de hoy nos cambien a una habitación mejor (vais a pensar que somos unos "tikismikis", pero lo que estábamos pagando no era acorde a lo que nos estaban ofreciendo. ¡Pues anda que no tenemos nosotros ya experiencia!).

La ciudad en si tampoco tiene gran atractivo. Quizás lo mas relevante sea una concentración de templos y cementerio budistas en mitad del casco urbano. En su visita aprovechamos para charlar con uno de los monjes. ¿Sabíais que no se les puede tocar? Nosotros tampoco. Rehuyen el contacto físico. Nos henos enterado cuando hemos ido a darle la mano para despedirnos. Aprendemos cosas curiosas de su tipo de vida, centrada fundamentalmente en el estudio, la oración y la meditación. Y de como muchos de ellos eligen este camino cuando no han llegado incluso ni a la pubertad, siendo unos niños. 
Paseamos por los laterales del río donde han construido una especie de paseo fluvial.

Pasajeros al tren!!!
El día no da mucho mas de sí. Cerramos las actividades para el día de mañana y nos deleitamos con la gastronomía predominante del viaje, el arroz. Desde que comenzó el viaje no ha pasado ni un solo día que no hayamos comido o cenado arroz. En diferentes variantes, como plato principal o de acompañamiento e incluso como licor.

A la mañana siguiente hacemos la mochila de nuevo (tarea bastante depurada ya y que realizamos cada vez a mayor velocidad y precisión) y cambiamos de hostel. Parece mentira que cruzando la calle y por tan solo dos dólares más la habitación, el panorama cambie tanto. Ni punto de comparación. Nos acomodamos, desayunamos y comenzamos la excursión prevista para hoy.

Nos recoge el Tuc Tuc (otro medio de transporte que también dominamos) en la puerta del hotel y nos dirigimos en primer lugar al Bamboo Train (tren de bambú). Una atracción mas turística que interesante, pero que sabemos sacarle partido (aunque por el precio hayan sacado ellos mas partido que nosotros). Se trata de una vía de tren por la que no circulan trenes y que los habitantes de la zona han sabido aprovechar. A ver si consigo explicarme. Colocan dos ejes sobre la vía, separados una longitud de un metro y medio mas o menos. Después colocan una plataforma hecha de bambú sobre los ejes. Y sobre la plataforma un motor de gasolina, parecido al de una fuera borda. Uno de los ejes tiene una polea y hay otra polea en el motor. Ambas poleas se unen por una correa y ¡Voilá! ¡Ya tenemos tren!
Montados en el "bamboo train"
Nos montamos en la plataforma y empieza el viaje. Unos 7 kilómetros de vía, no muy recta y no exenta de uniones y empalmes, algo que no contribuye a aumentar la sensación de seguridad. Lo mas curioso de este sistema es que tan solo hay una vía que se utiliza de ida y vuelta. Si, seguro que os preguntáis que sucede cuando se encuentran dos plataformas, una que va y otra que vuelve. Pues nada, ningún problema, se para, se desmonta una de las plataformas, se quitan los ejes y ya está, vía libre (nunca mejor dicho). Se deja pasar, se vuelve a montar el "chiringuito" y se continúa el viaje. Llegamos al final del recorrido de 7 kilómetros. Nos apeamos y nos asaltan una horda de lugareños deseosos de vendernos lo que sea. Eso es lo malo de las atracciones turísticas. En el lugar se puede visitar un horno en el que fabrican ladrillos de barro y poco más. Damos una vuelta y retornamos por el mismo camino que hemos recorrido. La verdad es que la sensación de ver la vía, la naturaleza a ambos lados y el traqueteo de nuestro "tren" tiene un encanto especial.

Después nos dirigimos a visitar las ruinas de un antiguo templo, Prasat Banan. Debe ser muy parecido y en versión reducida a lo que nos espera en Siem Reap. Una larga y empinada escalinata, con escalones irregulares, nos recibe. Hacemos nuestra sesión de ejercicio diario subiendo hasta la cima, donde encontramos 5 antiguas construcciones de piedra, en un pésimo estado de conservación. Pero, a pesar de ello, el lugar alberga un encanto especial, además de unas inmejorables vistas de la llanura Camboyana.

Templos de Prasat Banan
Por último visitamos otro complejo de templos, Phonm Sampov, en la cima de una colina, que según la tradición local, tiene forma de cocodrilo. Más templos, estos ya más modernos, y más escaleras para arriba y para abajo. Esta última parte de la excursión, es quizás, la que menos ha merecido la pena. No obstante, tampoco nos preocupa. Disfrutamos del paisaje, de andar al aire libre y de los paseos en Tuc Tuc por la naturaleza camboyana. Es increible como después de tantos días juntos, seguimos manteniendo conversación, hablando constantemente.

De retorno ya en Battanbang, aprovechamos para amortizar la habitación del hotel y descansar y darnos una ducha. Hoy es sin duda el día más caluroso de cuantos hemos estado aquí. Entre la crema protectora, el repelente de insectos y el "after sun" estamos todo el día embadurnados. Pero bueno, podemos presumir (por lo menos de momento) de no habernos quemado y de mantener a los mosquitos a raya.

Manana ya abandonamos Battanbang con dirección Siem Reap, último destino en Camboya, donde previsiblemente estaremos dos días y de allí ya rumbo a Camboya. Pero bueno, como os digo siempre, seguid por aquí y ya os iré contando.
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14 de diciembre de 2011

Pursat

Uno de los rincones de Pursat
Iniciamos de nuevo el día en nuestro medio de transporte local favorito, el autobús. Nos recogen en el hostel y nos llevan hasta la estación (por llamarlo de alguna manera). Intentamos volver loco a una especie de revisor al sentarnos en unos asientos que no nos corresponden. Nos hacemos los suecos, pero en el país del engaño, ellos nos llevan la delantera. Así que asumimos con resignación los asientos asignados y afrontamos las cuatro horas que tenemos por delante.

¿Cuatro horas? ¡Ay! ¡Qué ilusos! Apenas salimos con retraso pero no llevamos ni 20 minutos cuando hay que parar para que arreglen el aire acondicionado. Otra cosa no tendrán, pero aire acondicionado si. Están enganchados. Alli donde vayas tienes aire acondicionado o en su defecto ventiladores. Lo autobuses parecen neveras. Creedme si no exagero si os digo que me pongo el polar para viajar. En los bares, restaurantes y tiendas los ventiladores de techo están siempre a todo trapo. Calor hace, pero vamos, nada que no resulte agradable en mana corta (estaremos entre 25 y 32ºC todo el rato). No me imagino a uno de estos en Andalucía en verano...

Durmiendo como podemos van pasando las horas. Primera parada para estirar, un cigarro y aligerar la vejiga. Aquí es muy común eso de hacer paraditas para comprar, fumar, etc... eso si, dejando el autobús en marcha para que el aire acondicionado siga funcionando, no vaya a ser que el habitáculo se atempere demasiado. En la segunda de nuestras paradas, esperamos a que todos coman sus noodles, sus sopas y demás condimentos. Cuando vamos a reanudar nuestro viaje se nos ocurre preguntar cuanto falta para Pursat, a lo que nos contestan: ¡Pero si Pursat es esto! Menos mal que se nos ha ocurrido preguntar, ya que si no aparecemos en la Conchinchina (sirva este inciso para ilustrar a los lectores que la Conchinchina es una región del delta del Mekong en Vietnam, muy cerca de la ciudad de Ho Chi Min, así que ya sabéis a donde os mandan la próxima vez que os lo digan). Así que nos volvemos a montar en el autobús que nos acerca hasta la parada del autobús (en mitad de la calle). La desolación que vemos hace que estemos a punto de no bajarnos y continuar hasta la Ciudad de Battanbang, pero al final nos apeamos, cogemos la mochilas y nos quedamos allí, en una calle semiasfaltada viendo como nuestro autobús se va. No ha estado tan mal, pasan ya de las dos de la tarde, con lo que nos ha costado mas de cinco horas recorrer los 188 kilómetros existentes entre Phnom Penh y Pursat. 


Otra vista de Pursat
Nos encontramos sin duda en una ciudad poco turística, del interior, fundamentalmente agrícola y menos desarrollada que todo cuanto hemos pisado hasta el momento. Nos alojamos en el primer hostel que encontramos, que nos ofrece un precio mas que razonable y tiene unas dimensiones exageradas para el lugar en el que estamos. Sin duda el mas grande de los que hemos estado hasta el momento.

Damos una vuelta por la ciudad (pueblo grande) y realmente nos damos cuentas que pocos turistas llegan hasta aquí. Los niños nos saludan y se ríen a nuestro paso. Generamos bastante expectación entre los viandantes que se nos quedan mirando y se giran para vernos. Es raro sentirse observado. Visitamos una especie de lugar espiritual destinado a pequeños templos y residencia de los monjes. Caminamos hasta la oficina de turismo, que se encuentra cerrada, pero que la abren para nosotros cuando preguntamos en el edificio colindante. La chica que la atiende, muy risueña ella, parece muy sorprendida de tener turistas. Una vez dentro miramos en el libro de visitas y confirmamos que la llegada de turistas a este lugar se produce con cuentagotas. Nos proporciona un poco de información local y un pequeño plan para realizar al día siguiente: visitar el Floating Village (ciudad flotante) de Kampong Luong.
A bordo del bote en nuestro recorrido por la ciudad flotante
Damos alguna que otra vuelta por la ciudad, visitamos un mercado y una isla fluvial gigante con forma de barco donde han realizado un paseo y un lugar de esparcimiento. La verdad es que a veces resulta un poco chocante que no tengan las cosas mas básicas como aceras, alumbrado o alcantarillas y sin embargo se gasten dinero en construcciones titánicas como ésta.

Por la noche cena, partida de cartas y nos quedamos tranquilamente en el hostel. ¿Cuántas creéis que son las posibilidades de estar en este lugar y no poder dormir por ruido? Pues por increíble que parezca, justo enfrente del hostel tenemos una especie de discoteca (imaginaos unas carpas en unos descampados) con la musica a todo trapo. Afortunadamente no dura mucho mas allá de las once de la noche.

A la mañana siguiente no madrugamos en exceso, si no que nos levantamos con tranquilidad. Desayuno. Regateo para conseguir un Tuc Tuc y en marcha. Casi una hora de camino (en un motocarro) hasta llegar a nuestro destino. Ya nos hemos acostumbrado, pero esto es mas intenso que montarse en el Dragon Khan. Adelantamientos dobles, triples y cuádruples se suceden durante todo el trayecto en una calzada de dos sentidos sin arcén. Pitadas, polvo, baches y algún que otro susto después, llegamos al final del viaje. Incluso hemos sido testigos de un accidente de dos motocicletas que se ha producido justo delante nuestra. Una locura.

Cambiamos ahora de medio de transporte y alquilamos un bote que nos va a llevar a dar una vuelta por la
"la vuelta del cole"
ciudad flotante. Tenemos suerte y aprovechan nuestro viaje para devolver a sus casas a una veintena de niños que viven en la ciudad flotante y que regresan ahora del colegio. Esta experiencia nos proporciona unos momentos únicos e inolvidables. Esas caras, esos ojos, esas risas, ese parloteo animado entre ellos, riéndose de nosotros, de cuando hacemos fotos, de cuando les hablamos en ingles... ha sido uno de los momentos más auténticos y mas bellos del viaje. Poco a poco vamos dejando a nuestros pequeños tripulantes en sus casas salteadas por todo el lago de agua dulce, conocido como Sap. Es increíble ver como han creado toda una ciudad flotante, con sus casas, sus tiendas, su escuela, su Pagoda e incluso su estación de servicio. Digno de ver. Realizamos unas fotografías maravillosas, llenas de colorido aunque desde nuestro poco conocimiento de este arte. Este es un paraíso para quien disfrute con la fotografía. Intentando captar estas instantáneas a uno le dan ganas de formarse un poco mas en este campo.

Floating Village (Ciudad flotante)
De nuevo Tuc Tuc de regreso hasta Pursat, no exento de su dosis de emoción reglamentaria. Compramos los billetes de autobús (si, de nuevo al autobús) para el día siguiente y nos vamos al restaurante a comer.

A la tarde realizamos una incursión en el mercado y Xabi aprovecha para cortarse el pelo y afeitarse en una peluquería local (todo por un dólar, unos 80 céntimos de euro). Imaginad el resultado. Ni le conocemos. Parece que hemos cambiado de compañero de viaje, pero no, sigue siendo el
genuino regateador y emprendedor que traíamos hasta el momento.

El resto de la tarde nos la tomamos de relax: siesta, escribir las crónicas, el blog, ducharse, afeitarse, partidita de cartas y a cenar. Un poco de tranquilidad también se agradece.

Mañana cogeremos el autobús a las nueve de la mañana hasta la ciudad de Battanbang, a unos 105 kilómetros, ya mas cerca de Siem Reap. Pero no nos adelantemos, seguid conmigo y disfrutemos de lo que aún nos queda.
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12 de diciembre de 2011

Phonm Penh y su triste historia.

23:30 horas. Es la hora a la que nos recoge un vietnamita que nos acerca hasta la parada de nuestro autobús nocturno. Nocturno porque circula de noche, ya que es un autobús normal de asientos. Para que fuese un autobús con literas tendríamos que haber cogido el de las tres de la tarde. Paradójico, ¿no? el que circula de noche es de asientos y el que lo hace por el día de literas. En fin. Así son las cosas.

01:10. Una hora y treinta y cinco minutos mas tarde, nuestro autobús aparece. Justo es decir que es de las pocas veces que han venido con retraso. En Vietnam, en general, todo ha funcionado con extrema puntualidad. Ya vamos prevenidos, por cuantos nos hemos encontrado durante el viaje que han estado en Camboya, que las cosas en ese país van a ser diferentes.

Se supone que el viaje entre Ho Chi Min y Phnom Phen son 6 horas. Digo se supone porque al final dista mucho de la realidad. La frontera entre Vietnam y Camboya, en su paso por Moc Bai, permanece cerrada de 00:00 a 06:00 horas, así que da igual que para las 03:30 estuviéramos en la frontera, hemos tenido que esperar hasta las 06:00 para poder comenzar a hacer los tramites.

Templo budista en Phnom Penh
Salimos de Vietnam, nos sellan la salida y avanzamos hasta el edificio de Camboya. Alli pasamos el control de pasaporte, nos digitalizan las huellas dactilares con un escáner de manos, nos hacen una fotografía de cara (ademas de la que tenemos que aportar nosotros para el visado), nos toman la temperatura con un termómetro de infrarrojos y pagamos (eso que no falte) los 25 dólares de rigor por los trámites. Por un momento parece que vamos a entrar en el cuartel general del FBI de Estados Unidos en vez de en un país del sudeste asiático. Poco mas adelante nos daremos cuenta que el
dinero que se han gastado en las medidas de seguridad de entrada no van acorde con el resto del país.

Casi 12 horas después de que tuviéramos que salir de Ho Chi Min llegamos a la capital de Camboya. Osea que acabamos de multiplicar por dos la duración inicial. Un potente equipo de aire acondicionado desbocado durante las 12 horas de viaje hace que lleguemos con la garganta y la nariz tocados. Pero a mal tiempo buena cara (aunque aquí el tiempo sea el mejor que hemos tenido hasta el momento).

La periferia de la ciudad refleja una enorme pobreza. Calles sin asfaltar, edificios sucios, semiderruidos y construidos sin ningún tipo de control. Conforme avanzamos hacia la zona centro los edificios van mejorando y la inversión urbanística se hace patente: rotondas, jardines cuidados, palacios perfectamente restaurados, paseo marítimo (aunque el escenario sea un río, el Tonle Sap River concretamente), y toda una serie de servicios orientados al turismo.

El autobús nos deja en la zona centro, que es la más turística y próximo a los alojamientos de mochileros. Durante una hora se sucede el ritual de encontrar alojamiento. Xabi vuelve a demostrar su constancia para el regateo y encontramos un sitio a nuestro precio y exigencias (que son mas bien pocas).

La tarde la invertimos en pasear por la ciudad, sus calles, sus mercados a pie de calle y algún que otro templo budista. La temperatura genial, unos 28ºC. Después hemos quedado con una profesora camboyana que hemos conocido en el autobús que nos lleva a un lugar de fiesta local con música, mercado y un sitio típico para comer. Aprovechamos para preguntarle cosas sobre la historia y la cultura y para darnos cuenta que no somos tan diferentes.

Prision de Toulseng, tambien llamada S-21
El día siguiente se presenta histórico y cultural. Nos zambullimos de lleno en unos de los episodios mas oscuros y mas silenciados de la historia contemporánea: el genocidio camboyano que se llevó a cabo en este país entre 1975 y 1979 a manos del partido comunista de los Jemeres Rojos, con su dirigente Pol Pot a la cabeza. Visitamos una antigua escuela de Phnom Penh que fue convertida en prisión y centro de tortura para todos cuantos fueran sospechosos de estar contra el régimen. Algunos de ellos fueron torturados y asesinados por tan poderosas razones como tener una carrera, hablar otro idioma, llevar gafas o tener las manos demasiado suaves.
He de reconocer que hasta mi viaje a Camboya estos hechos eran casi desconocidos para mi. Me sorprende y me entristece como un hecho semejante, en el que murieron 3 millones de camboyanos (de una población de 8 millones) puede haber pasado tan desapercibido e impune para el resto del mundo.

Con uno de los pocos supervivientes de la prision de Toulseng
Al ya desgarrador lugar se une un guía que habiendo vivido de cerca la situación nos relata en primera persona todos los aspectos mas turbios y sórdidos de esta historia. Todo con un respeto, un sentimiento y una aparente paz interior digno de envidiar. Impresionante.

Continuamos nuestro día yendo en Tuc Tuc hasta el campo de exterminio de Choueng Ek, a unos 15 kms de Phnom Penh. Hasta allí se trasladarían a los torturados en la prisión para ejecutarlos y sepultarlos en fosas comunes. Una visita con audio guía por el recinto nos acerca al horror de este sitio. Una vez mas nos encontramos cara a cara con la faceta mas inhumana, devastadora e incomprensible del ser humano.

Un momento de la visita con nuestro guia
Para todos aquellos que sintáis algo de curiosidad os dejo un enlace a la web del Centro de Genocidio: www.cekillingfield.com

Así hemos pasado prácticamente todo el día. A media tarde hemos llegado con nuestro Tuc Tuc hasta el Russian market, otro mercado de dimensiones considerables pero diminutos pasillos donde se agolpan productos locales, ropa, copias de primeras firmas, comida, artesanías y todo cuanto podáis imaginar.

A última hora cerramos el viaje de mañana a Pursat y algunos alojamientos en una agencia de viajes cercana a nuestro hostel. La dos chicas que nos atienden, con su idéntica indumentaria rosa, parecen más un sketch de Martes y 13 que algo serio. Están todo el rato pisándose entre ellas mientras hablan, riéndose a carcajada limpia y agarrándose las manos la una a la otra. Se lo están pasando en grande con nosotros. Al final salimos muy satisfechos con la gestión y con los precios conseguidos. De nuevo regateo (riete tu de Ronaldo).

Mañana iniciamos nuestro ascenso hacia Siem Reap con parada en Pursat. En principio prevemos dos días, pero ya os iré contando.
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10 de diciembre de 2011

Saigón

Entrada triunfante en Saigon
Se agradece viajar en avión. Madrugamos y un coche privado nos acerca de nuestro hostel en Hoi An hasta el aeropuerto de Da Nang. Si hay una zona de Vietam que esta siendo fuertemente transformada, es sin duda esta. Durante los 40 minutos que nos separan de nuestro destino, hemos podido ver grandes complejos hoteleros a pie de playa y otros muchos en construcción. Es curioso comprobar como el estilo de viaje occidental se impone en todo el mundo. Macro resorts que unifican el paisaje de todos los lugares, sin que puedas empaparte de la cultura y las costumbres locales. Tiene que llegar un momento, a bordo de estos complejos, que realmente no sabes en que lugar del planeta te encuentras, ya que son prácticamente iguales.

Como os decía al principio, que gusto da viajar en avión. En apenas una hora recorremos unos 1000 kms, lo que de otro modo nos hubiera costado unas incómodas 12 horas. Volamos con Jetstar, compañía de bajo coste que opera en Vietnam, pero que nos sorprende gratamente: asientos de cuero, buen espacio para las piernas, salida y llegada puntual, equipaje sin contratiempos...

Una vez en el exterior del aeropuerto damos alguna que otra vuelta hasta conseguir un autobús urbano que nos lleve hasta el centro, cerca del barrio de mochileros. Si vas con equipaje, pagas dos billetes, uno para ti y otro para la mochila. Así que como han pagado, llevamos a nuestras mochilas cómodamente sentadas.

Tras unos cuantos regateos conseguimos alojamiento en pleno centro neurálgico del barrio de mochileros. Actividad frenética. Motos, coches y más motos abarrotan sus calles. Puestos de comida, bebidas, gafas, souvenirs, agencias, tiendas de todos los tamaños... Es imposible mirar hacia un lado y encontrar un ápice de tranquilidad.

La gente de nuestro hostel encantadora. Hemos tenido suerte. Nos alegra no ser el objeto de todos los intentos de timo del comercio local. Nos lavan la ropa (casi como una madre, aunque nunca será lo mismo), contratamos alguna excursión con ellos y hasta nos recomiendan algún buen sitio para comer.

Frente al Palacio de la Independencia
Invertimos la tarde realizando turismo por la ciudad, andando, recorriendo la ruta a pie planteada por la Lonely Planet. Atravesamos un par de mercados locales de los cuales es casi imposible salir, ya que a punto estamos de ser secuestrados por sus dependientas ¡Qué estrés! El regateo, obligado si no quieres pagar 6 o 10 veces el precio real de las cosas. Entramos en el museo de la Ciudad de Ho Chi Min, que no merece mucho la pena. Nos colamos en la catedral mientras realizan un oficio. En realidad estaba cerrada al turismo, pero ¿Cómo van a dejar fuera a unos fieles que solo quieren rezar? Intentamos colarnos también en el edificio de la Independencia, pero somos sorprendidos por el guarda de la salida, al que convencemos y termina sacándonos unas fotos. Al final hay que echarle un poco de cara y tirar para adelante. Dejamos el museo de la guerra para el día siguiente y visitamos el interior del edificio de Correos, toda una belleza arquitectónica.

Poco a poco vamos haciéndole kilómetros a la ciudad y son muchas las cosas que llaman la atención de estos recién llegados habitantes: la convivencia tan próxima entre rascacielos y casas semiderruidas; la coexistencia de 5 millones de motos en una ciudad con 9 millones de habitantes; la presencia de tiendas de primeras firmas con improvisados puestos o tiendas en cualquier esquina; su denso tráfico; los olores de su calles; sus adornos navideños occidentales y mil aspectos que captan nuestra atención constantemente. Es, sin duda, la ciudad mas desarrollada de Vietnam en la que hemos estado.

A la noche, después de cenar, damos una vuelta por las calles de bares (osea, por nuestra calle y las de alrededor). Da igual que día de la semana sea, esto debe estar siempre a tope. Es triste comprobar, lo que las guías ya anuncian, y es que la profesión mas antigua del mundo se practica con total "naturalidad" (si me permitís la expresión). Chicas y lady boys (la mayoría recién entrados en su mayoría de edad) se ofertan a los turistas por todos lados, en todos los bares, terrazas, esquinas.... Se pueden ver muchos hombres con chicas a las que duplican e igual hasta triplican la edad sentados cenando, tomando una copa, viendo fotos o paseando agarrados de la mano. Aquí las autoridades son cómplices silenciosas de este modo de vida, imaginamos q por ser un lamentable e importante motor turístico y económico del país.

Cu Chi. Escondite de los soldados del Vietcom en la selva.
A la mañana siguiente madrugamos para ir hasta Cu Chi. Hoy toca fía temático de la guerra del Vietnam. Nos adentramos en uno de los episodios negros de la historia reciente. Resulta sobrecogedor ver la selva vietnamita, imaginar las emboscadas, los helicópteros sobrevolando, las bombas cayendo... Vemos "in situ" como se organizó la resistencia del Vietcong contra el ejercito americano y sus aliados. Como se organizaron bajo tierra, en pequeñas ciudades subterráneas con cientos de túneles y pasadizos, escapando de la fuerza aérea de los ejércitos contrarios. Como las técnicas de guerra primitivas y el conocimiento del medio natural pudieron contra la primera potencia armamentistica del mundo. Realmente una lección de historia que difícilmente podré olvidar. Momento clímax ha sido el poder recorrer unos 100 metros de galerías subterráneas, y eso que estaban ligeramente aumentadas en altura y anchura para el turismo occidental. Si yo con mi 1'94 he podido pasar... (eso si, no apto para claustrofóbicos).

Museo de la guerra del Vietnam
Una ver de regreso por la tarde en Ho Chi Min, visitamos el museo de la guerra. Continuamos con la lección de historia, aunque "un poco" sesgada desde el punto de vista ganador (Vietnam del Norte). Es principalmente un reportaje fotográfico impactante, de algunas de las mejores instantáneas tomadas a los largo de los mas de 17 años de guerra. Todas tienen como denominador común que buscan mostrar la crueldad y la injusticia de la invasión americana. Evidentemente que lo que se cuenta y se muestra es cierto, por lo menos en su mayoría, pero que por la otra parte (de la que no se muestra nada) también se cometieron atrocidades estoy completamente seguro. Lo mas instructivo de estos museos es mantener viva la memoria y ser un testimonio de la crueldad humana en su lucha por la ambición. Que sirva de lección para que algo así no vuelva a ocurrir (aunque lamentablemente esta ocurriendo en otras partes del planeta mientras escribo estas líneas).

Salimos del museo visiblemente emocionados y aprovechamos para pasear por la ciudad (problemas de orientación hace que la marcha sea mas larga de lo previsto). Dos horas y media después llegamos a nuestro hostel. Descansamos y nos preparamos para salir a cenar. Nos reencontramos con Noe y con Jose y aprovechamos para ponernos al día en estos días que no nos hemos visto. Tomamos algo por ahí, con pequeño percance de precios incluido y nos vamos a la cama que toca madrugar de nuevo al día siguiente.

Lo mejor es llegar cansado a la habitación, ya que tenemos unas bonitas vistas a la calle. Esa misma calle donde los bares están abiertos hasta las 5 de la mañana, mas o menos a la hora a la que la ciudad empieza a despertar de nuevo. Con lo cual os podría imaginar que no hay ni un momento de silencio en las calles.
Calle de Saigon con su "ligero' trafico
El último día en Saigón madrugamos para realizar la excursión mas turística y menos recomendable que hemos hecho de cuantas hemos realizado. Pero bueno, es inevitable que siempre caiga alguna de estas. Se trata de una visita de un día al delta del Mekong, ese gran río que atraviesa toda la península de indochina y desemboca en el sur de Vietnam hacia el mar de China. Lo mejor ha sido las personas que hemos conocido, una pareja extraordinaria de Asturias, Abelardo (ya jubilado) y su esposa, pero que siguen transmitiendo un entusiasmo por viajar envidiable y tres chicas suizas Yazmina, Sabrina y Segrine. Un saludo para todo ellos.

Ya de vuelta, realizamos últimas compras, últimos paseos por la ciudad y quedamos de nuevo con Jose y Noe pasa cenar y despedirnos (esta vez ya parece la definitiva). Después nos esperan 9 horas en el autobús nocturno que nos llevará hasta Camboya. Pasaremos la frontera y realizaremos el visado en el paso. Veremos si hay problemas, pero para todo esto tendremos que esperar. ¡¡Adiós Vietnam!!
Embarcadero en el Delta del Mekong
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8 de diciembre de 2011

¡Adiós Hoi An!

Rincones de Hoi An
Siempre en todos los viajes aparece un sitio, un lugar que te sorprende. No sé si aún quedará alguno en este viaje pero si la bahía de Halong fue uno, este sin duda es otro de esos lugares.

Hoi An se despierta bullicioso. Casi igual que como se acostó. Una lluvia ligera cae y abrillanta sus calles y sus aceras. Nos levantamos sin mucha prisa y sin grandes planes. Tan solo recorrer su calles, sus comercios, sus mercados y mezclarnos con la gente. A pesar de ser un sitio turístico, al menos su centro mas histórico, sigue manteniendo su encanto sin muchos agobios. Realmente recomiendo este sitio a quien tenga la suerte de viajar hasta aquí.

El día la verdad es que no da para mucho. Disfrutamos tranquilamente de un día sosegado, regateando y comprando algunas cosas en los comercios. Al parecer existe gran tradición de trabajar la seda en este lugar, y debió ser, ya tiempo atrás, un puerto importante en el comercio y en la ruta de la seda. Existe la posibilidad de hacerte un traje de seda a medida por unos 50€. Camisetas, pañuelos, manteles y toda clase de complementos abundan en las tiendas.

Un "47" vietnamita
¡Ah! Si pensáis que el problema de las tallas está solo en España, vais listos. Aquí es todavía mas complicado. Las tallas aquí son toda una aventura, ya que entre que son pequeños, otras prendas son manufacturadas por ellos, otras son copiadas, otras son importadas... En definitiva, no hay quien se aclare. He intentado encontrar unas chanclas de mi talla y podéis ver el resultado en la fotografía. ¡Y eso que lo que intenta venderme es un 47 (según ella)! También nos encontramos con etiquetas curiosas en otras prendas. Hemos intentado (sobre todo Aitor) que nos hagan un tanga de leopardo de seda en una de las sastrerías, pero no ha sido posible. Aunque por lo menos hemos arrancado las risas de las chicas que nos atienden. Aquí tienen mas sentido del humor, un bien escaso por estos lares.
Curiosa etiqueta

Otro de los elementos destacados es su mercado, donde venden toda clase de alimentos crudos o cocinados. Los barcos se acercan y descargan directamente su pescado, donde miles de hábiles manos se hacen con él y lo transforman de todas las maneras imaginadas: lo parten, lo trocean, vivo en bañeras, entero, limpio, abierto, cocinado, frito, en sopa, con noodles...

Pasamos el día con nuestros recién conocidos amigos de Palma de Mallorca, Noe y Jose. Aprovechamos para seguir explorando la gastronomía local y también la española de mano de Jose, que es chef en un importante hotel de Palma de Mallorca. Da gusto oírle hablar de platos suculentos y técnicas de cocina. Noe adereza sus comentarios con su tierra natal, Galicia, ¡Qué bien se come ahí también!

Comida vietnamita con el "Cau Lau" en primer plano
Al exquisito tofú con salsa de tomate ya conocido, añadimos ahora un delicioso y barato plato local: el "Cau Lau": un bol de una especie de noodles (con una textura más gomosa, pero exquisita), hierba buena, cilantro, cerdo ahumado, salsa con agua de pozo, unas cuantas verduras y por último una especie de panecillos fritos partidos en pequeños cuadrados. Puede sonar extraño pero es un plato exquisito. Aitor y yo hemos dado buena cuenta de ello. Aunque si algo no puede faltar desde que hemos venido es el omnipresente arroz. Lo hemos comido como plato principal o como acompañamiento, pero yo creo que aún no hemos hecho ninguna comida si él. Hervido o frito, solo o con toda una variedad de ingredientes. Lo que es indiscutible es que es la base de la gastronomía Vietnamita, incluso asiática me atrevería a decir, y un fuerte motor económico del país.


"Atendiendo" un puesto en el mercado

El día también nos sirve para planificar los próximos días del viaje, con ayuda de nuestra guía y de una oficina de turismo local. El mal tiempo previsto para los próximos días nos lleva a modificar el plan previsto y decidimos no acudir a Dalat si no volar directamente a la ciudad de Ho Chi Min. Se agradece sustituir un desplazamiento en autobús por un medio mas cómodo, mucho mas rápido y sobre todo mucho más tolerante con mis minúsculas piernas. Además, la diferencia de precio es prácticamente ridícula.



Finalizamos con una buena cena de despedida de nuestros amigos, ya que ellos permanecerán aún un día más en Hoi An. Hoy la noche esta mucho mas tranquila. Los comercios cierran pronto y casi no encontramos ningún restaurante abierto, salvo un muy próximo al hotel, donde el propietario nos recibe con un ¡Hola! Impresionante. Un par de años más y acabaremos viendo "paella" en sus cartas de menú. Lo mas curioso del restaurante es la excursión inmobiliaria que hay que realizar para ir al baño: entras al comedor, pasas por un pasillo, varios quiebros después te metes en una habitación, ahí no es, sales y te metes en otra donde hay una persona cambiando se, ahí tampoco debe ser. Continuas y te metes en la cocina, te hacen aspavientos y te señalan hacía la izquierda, donde sales aun patio interior donde están almacenadas las cajas de comida y hay varios arcones de congelado. Al fondo a la derecha ves las universales palabras "WC" y ¡Por fin! (menos mal que no iba con muchas ganas, por que si no...)

Con pena en el corazón... ¡Adiós Hoi An! ¡Adiós!
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6 de diciembre de 2011

Hué

La última crónica me despedí yendo a coger el tren, así que esta se merece comenzar donde lo dejé.

En nuestras comodas dependencias
Aquí la estación de tren esta cerrada a cal y canto y no la abren hasta una hora prudencial, las 20:30 horas de la noche y por un espacio de una hora u hora y media a lo sumo (no nos vayamos a estresar). Nos acercamos a la ventanilla, pedimos nuestros billetes para Hué en "soft bed" (cama blanda) y la amable dependienta no responde otra cosa que "full!! full!!". ¿Cómo que full? (full = lleno, completo). Sólo quedan camas "hard bed" (cama dura) ¡Qué miedo! Pero, que remedio, esas compramos.

El tren llega con puntualidad exacta. Hasta ahora, frente a lo que el país te puede dar la sensación a priori, todo funciona con una sincronización perfecta. Todo comienza, termina, llega, sale con exquisita puntualidad. Subimos y buscamos nuestro departamento. Cuando abrimos la puerta cuatro vietnamitas de una edad considerable están jugándose hasta sus madres en una partida de cartas con grandes fajos de billetes encima de una de nuestras camas, que han utilizado como punto central de su timba. Nuestra llegada les incomoda y rápidamente desmantelan el improvisado casino y dos de ellos desaparecen, quedándose los dos restantes en las camas inferiores. El compartimento es de un tamaño similar al que podemos estar acostumbrados en occidente en cuyos laterales se sitúan seis camas (ja, ja), tres en cada lado. Nosotros tenemos las dos intermedias y una de las superiores. Comienza el "tetris". Lo primero que comprobamos es que las camas se corresponde con la definición del billete: "hard bed" (cama dura) ¡Y tanto! Se trata de una tabla con una sabana encima. Eso es todo. Tamaño: 180x40 cms a lo sumo. Duración del viaje: 13 horas aproximadamente: Distancia: unos 900 kms mas o menos. Así que imaginaos el panorama. Aitor y Xabi ocupan las camas medias y yo, que duermo en cualquier parte, me subo a una de las superiores. Toda una prueba. Si uno puede dormir aquí, puede dormir ya en cualquier parte. Uno no puede casi ni leer un libro, ya que como lo sujetes un poco alto te pega ya con el techo. Pero es lo que hay. Lejos de quejarnos, nos echamos buenas risas a costa de la situación (y del olor a pies vietnamitas de nuestros convecinos). Para remate de la situación una salida de aire acondicionado que escapa a nuestro control, preside la estancia. A esto si le llamo yo levantarse "fresco" por la mañana.

A bordo de nuestros pseudo Tuc Tuc
Para las 7 de la mañana ya no hay quien pare. Así que trasladamos el campamento del compartimento a la zona de asientos, donde montamos ahora nosotros una timba de "pinchazo" y aprovechamos para preparar los próximos movimientos del viaje. Al viajar ya con luz estas últimas horas del viaje, vemos atravesar la zona desmilitarizada: una franja de unos 17 kilómetros de anchura, que cubre todo el país desde Laos hasta el mar de China. Esta zona esta situada a la altura del paralelo 17 y supuso el limite entre Vietnam del norte y del sur durante la guerra del Vietnam. Se ha recuperado bastante, pero en los tiempos de la guerra, fue una zona completamente arrasada y deforestada.

Restos de la guerra
A las 10 de la mañana, continuando con la puntualidad, llegamos a nuestro destino. Nada mas bajarnos del tren nos esperan Jose y Noelia, la pareja de Palma de Mallorca que conocimos en Ninh Binh y a los que se les abre el cielo al vernos. La razón es que se les olvidaron sus pasaportes en el hotel de Ninh Binh. Nos enviaron un email, se los recogimos y se los traemos ahora. Hay que ver como las nuevas tecnologías y el conocer gente maja durante un viaje, pueden hacer las cosas mas fáciles.

Dejamos las mochilas en su hotel y tenemos la mañana para visitar la ciudad. Hué fue capital de la dinastía Nguyen y ciudad declarada patrimonio mundial de la UNESCO en 1993. Lo mas representativo es su ciudad imperial, con una ciudadela rodeada por un muro de 10 kilómetros de longitud y rodeada por un foso de 30 metros de ancho. Residencia de los últimos emperadores de Vietnam. Negociamos un paseo a bordo de una especie de Tuc Tuc (un carro-bici) que nos lleva por el interior de toda la ciudadela, parándonos en los elementos mas representativos.

En el autobus "nocturno"
A toda velocidad y casi sin darnos tiempo a comer cogemos un autobús que nos llevará hasta Hoi An, nuestro siguiente destino.

Por aquello del azar, incompresiones del viajero y como parte de nuestro Máster en medios de transporte local, nos desplazamos ahora a bordo de un autobús nocturno (aunque son las dos de la tarde) que en vez de asientos tiene camas, unas 40 aproximadamente. Nos acomodamos como podemos y tras tres horas y media de viaje, y una parada en un resort de carretera, llegamos a Hoi An.

Opiparo menu Vietnamita
Esta ciudad es de lo mas orientado al turismo que hemos visto hasta el momento y a la vez de lo mas autóctono con sus construcciones, sus comercios y sus mercados. La ciudad esta ubicada en la costa y vive fundamentalmente del turismo, el comercio y la pesca. La arquitectura de su casco antiguo contribuyó a que fuera declarada patrimonio mundial de la UNESCO en 1999. El pueblo, la temperatura y la compañía, es de lo mejorcito que hemos tenido hasta el momento. Encontramos un hostel de lo mas asequible de la ciudad, aunque el turismo se nota y los precios en alojamiento ya no son tan ajustados.

Damos una vuelta por sus calles y encontramos un lugar donde realizar la primera comida en condiciones del día (que ya va siendo hora). El menú también de lo mas elaborado y sabroso hasta el momento.

Finalizamos con un paseo nocturno por el puerto comiendo helado y algunos dulces típicos de la zona. ¡Ay! ¡Que duro es viajar!


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5 de diciembre de 2011

De escaleras va el día...

Abandonamos pronto del hotel. Para las 20:30 en camino de otro hotel donde contratamos la excursión para hoy. Salimos desde allí y además aprovechamos para desayunar. Lástima no habernos alojado en este hotel, porque la calidad humana y la amabilidad de los que lo atienden son de lo mejor de lo que nos hemos encontrado no solo en Vietnam si no en otros viajes. Gente atenta, con una sonrisa, que realmente trata de que disfrutes tu tiempo en la ciudad y de hacer las cosas mas fáciles a los que venimos de fuera. Así que nos henos propuesto hacerles todo el gasto que podamos.

Xabi y yo en nuestro inestable bote
A las 09:30 nos recoge nuestro coche que nos va a llevar a los diferentes sitios. No se trata de un taxi, si no de alguien que está todo el día con nosotros, nos lleva, nos espera y nos vuelve a llevar. Uno casi se siente mal, como un rico o algo así, pero no hay otra manera. Pensamos que ese es su trabajo y seguimos adelante (tampoco somos una carga tan pesada, jeje).

A unos 10 kilómetros de Ninh Binh llegamos a las grutas de Tran Ang. Unas increíbles cuevas y grutas horadadas por el río, el tiempo y la erosión, haciendo un trazado sinuoso y subterráneo mas propio de un parque de atracciones que de la madre naturaleza. Algo impresionante. El viaje lo realizamos durante una hora aproximadamente por el río Sao Khe en un pequeño bote propulsado por un escuálido vietnamita que rema con dos simples palos y que demuestra tener un control milimétrico de la barca. No se si resulta mas impresionante ver las cuevas o a él dirigiendo el bote por esos angostos pasadizos con una destreza sin igual.

Dos grandes guerreros custodiando la entrada del Templo
Después nos dirigimos a Hoa Lu, la que fue capital de Vietnam durante la dinastía Dinh y la primera dinastía Le (entre el 968 y el 1009 d.c.). Quedan en pie algunas construcciones típicas, con jardines y una imponente plaza cuadrada con un pequeño mausoleo en medio. Subimos unas cuantas escaleras de piedra en una montaña cercana que termina en un pequeño altar y rocas volcánicas desde las que tenemos una vista espectacular de la zona. Lástima que el día brumoso no sea el mejor para realizar la fotografías. Seguro que "Morenin" (mi compi de pupitre) hubiese realizado unas fotos impresionantes, esto es un paraíso, pero yo me tengo que conformar con el modo automático, que bastante hace.


Replicando estatuas...
A la vuelta comemos la que empieza a ser ya la típica comida de excursión en Vietanam: spring rolls (algo así como rollizos de primavera en pequeño), arroz blanco (para ellos es como el pan, lo sirven con todo), pollo con verduras, col y berza cocida y tortilla troceada. La verdad es que el menú esta siendo poco variado pero muy bueno. Nuestros estómagos están adaptado perfectamente ya (lo cual es de agradecer para la buena armonía del grupo, jeje).

Después de comer, y de nuevo en nuestro coche, nos dirigimos a la Pagoda de Bai Dinh. Un templo religioso y espiritual en construcción que es un autentico derroche de arquitectura, botánica, grandiosidad, oro y como no, dinero. Todo esto tiene que costar una fortuna. Parece mentira que un país en el que ha habido (y hay) tanta pobreza el dinero se invierte en estos menesteres (igualito al Vaticano). Como unas 400 escaleras arriba y otras tantas para abajo vamos recorriendo pasillos, jardines, estancias y templos repletos de estatuas, hornacinas con pequeños budas dorados y otros no tan pequeños, si no mas bien todo lo contrario (de unos 10 metros de alto por 4 de ancho). Tremendos, dorados y relucientes. Adorados y adornados con toda clase de flores y ofrendas (algunas tan curiosas y cotidianas como cajas de galletas y latas de la omnipresente coca cola). Durante nuestra visita las necesidades fisiológicas aprietan y exploramos los baños palaciegos. Al salir, dos sonrientes mujeres vietnamitas nos abordan con el universal y ya archi conocido discurso que tenemos que pagarles (algo muy habitual), pero Aitor las disuade hábilmente con una demostración de Kung Fug que arranca las risas de nuestras pequeñas amigas. Aquí todo el mundo intenta cobrarte por todo, pero poco a poco vamos depurando la estrategia del escaqueo.

Vista desde 500 escaleras de altura
Finalizamos nuestro día de excursión con la visita a la Cueva de Mua, también en la inmediaciones de Ninh Binh. Allí en una montaña, y tras subir más de 500 escaleras de piedra hay un altar dedicado a Quan Am (diosa de la piedad). Las vistas de los arrozales que se divisan desde arriba ilustran la importancia del arroz en esta cultura y para su economía.

De vuelta ya a Ninh Binh recogemos las mochilas, la ropa que habíamos dejado para lavar y a cenar. La noche de hoy no la pasamos en ningún hostel si no que será a bordo de un tren cama para desplazarnos mientras dormimos. Ya os contaré la experiencia de nuestra toma de contacto con este inexplorado todavía medio de transporte.

Sin duda gran día. Y como siempre con grandes compañeros.
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4 de diciembre de 2011

Ninh Binh

Van pasando los días y comienza nuestro descenso hacia el sur. Amanecemos en Cat Ba y tras un frugal desayuno empezamos lo que va a ser una mañana multiviaje.

165 kms de recorrido
Antes de detallar nuestro día en tránsito, hay que hacer una mención a la organización de esta excursión. Contratamos estos tres días en Halong y Cat Ba en una pequeña agencia privada de Hanoi con la que cerramos todas las características que queríamos: lugar de inicio, tipo de barco, lugar del viaje, duración y lugar de finalización. Tras un duro regateo, pagamos y obtenemos una pequeño recibo donde está semi-manuscrito las características de lo que hemos contratado. Es increíble como algo que se ha cerrado en unos minutos puede estar tan bien atado. Todo perfectamente enlazado, en ningún momento hemos tenido que esperar por nada, allí donde llegábamos y pensábamos que nadie iba a aparecer, venía alguien que nos recogía y continuaba nuestra aventura. En fin, un caos organizado, y muy bien, por cierto.

Primero cogemos un autobús que nos lleva hasta el borde de la isla donde vamos a cambiar de modo de transporte. Autobús viejo, desamortiguado e hiperventilado con el que circulamos a una velocidad de no mas de 30 km/h, mas o menos la media de los vehículos que circulan por estas carreteras.

Cambiamos a una especie de fuera-borda con menos plazas de las deseadas, que compartimos con un numeroso parque motociclístico. Tras 40 minutos sentado en las escaleras de proa (hay que ver que bien me ha venido lo de manejar la terminología náutica) cambiamos de nuevo a un autobús que nos lleva hasta la ciudad de Haiphong, donde nos bajamos en la estación de autobuses. Allí hacemos un alto de 45 minutos para cambiar de nuevo de autobús, ir al baño (baño por de ir algo...), y aprovisionarnos para el viaje de fruta y galletas (de las pocas cosas que se pueden comprar tras un regateo en los puestos de calle). Nuestras maletas entre tanto van conociendo y viajando en todo tipo de localizaciones, a la vez que contribuimos a mantener los autobuses limpios. Una de dos: o se le pasa un trapo al maletero o se restriega una de nuestras maletas...
Autobus "de bote en bote"

Continuamos conociendo los medios de transporte local. Ahora a bordo de nuestro último autobús. El mas nuevo de los que hemos cogido hoy, pero no nos confiemos... Poco a poco y parada a parada, el autobús empieza a sobrepasar con creces su capacidad de asientos. No preocuparse, una colchoneta en la parte delantera hace las veces de fosa común. Una vez llena, unos taburetes de plástico, no muy grandes (no vayan a ser demasiado cómodos) ocupan todo el pasillo y el suelo central, donde se sientan las personas que siguen subiendo. Como aún quedan huecos entre medio, continuamos parando y recogiendo pasajeros que terminan de rellenar el espacio, pero esta vez ya viajando de pie. Lo único bueno es que en caso de accidente, probablemente nadie saldría herido, ya que no siquiera nos moveríamos del asiento. ¡Imposible! ¡Si no hay hueco!

Esperando que vuelva nuestro conductor
Para colmo de males, la policía nos da el alto a mitad de camino. Como nuestro chófer hace caso omiso de las señales de los agentes (para que veais que ese comportamiento no es exclusivo de nuestra península) la policía sale en nuestra persecución y nos da el alto a golpe de sirena. Parece que ahora si, nuestro conductor se da pe aludido y paramos en el arcén. Bajamos del autobús. Tras unos minutos y una llamada del agente de policía con su iPhone (que nivel Maribel) de nuevo arriba. Él se monta con nosotros y vemos como el autobús da la vuelta y desandamos nuestro camino sin saber que ocurre. Tras unos kilómetros paramos en lo que parece ser una comisaría de policía. De nuevo abajo. El conductor y el "revisor" (por llamarlo de alguna manera) se van con la policía y nos quedamos esperando. Nadie sabe que pasa, al parecer un problema con una pegatina que lleva en el parabrisas delantero (que debe ser como una tarjeta de transporte) y que debe llevar caducada. Ya nos vemos volviendo a Hiphong o esperando largo y tendido a que otro autobús venga a recogernos. Pero afortunadamente en menos de fue minutos están de vuelta con el rpblema solucionado. De nuevo arriba y continuamos viaje "enlatados".

Seis horas después hemos conseguido recorrer los aproximadamente 165 kms que nos separaban y llegamos a nuestro destino, ciudad de Ninh Binh. Prácticamente damos ya el día por perdido, aunque es cierto que la ciudad no ofrece muchos atractivos, salvo la propia sociedad en sí, mucho mas autentica que en las zonas costeras y mas turísticas.
En la estacion de Ninh Binh

Nos alojamos en un mas que modesto hotel y diseñamos las excursiones que realizaremos mañana. Xabi sigue demostrando sus extraordinarias cualidades para el regateo. Nos informamos también de los trenes cama que vamos a utilizar en los siguientes días para desplazarnos de noche, de manera que aprovecharemos para recorrer muchos kilómetros mientras dormimos, a la vez que nos ahorramos el alojamiento.

Conocemos una pareja de La Coruña y Palma de Mallorca, con quien pasamos un rato agradable, cena y buena conversación. Una de las cosas agradables de viajar es la gente con la que congenias y entablas conversación al verte en situaciones similares.

El día no da mucho mas de sí, mañana promete ser mas interesante y bastante mas largo. No se cuando volveremos a tener wifi disponible para actualizar el blog, pero tan pronto como así sea, seguiré compartiendo el viaje.
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3 de diciembre de 2011

Bahía de Halong

Nos levantamos a las 07:15, ya que para las 08:00 vienen a recogernos en autobús para ir a Halong City, ciudad costera al norte de Vietnam, bañada por el mar de china. Ese es nuestro destino.

Esperando para embarcar
Desayunamos rápida y austeramente un te con una especie de bollo de pan blanco con mermelada y poco después vienen a recogernos.

Llueve bastante. Salimos corriendo detrás de nuestro guía. La vida de la calle no parece detenerse por la lluvia, solo se reorganiza en los laterales debajo de los toldos. Alcanzamos nuestro pequeño autobús de unas 20 plazas aproximadamente y realizamos alguna que otra parada hasta terminar se llenarlo. Como siempre, vamos dejando huella. Somos los únicos que charlamos animadamente y nos reímos hasta de nosotros mismos. De nuevo nos sumergimos en el caótico tráfico y así transcurren las siguientes 4 horas hasta llegar a Halong City.

Una vez allí el resto de turistas son conducidos hacia una especie de cruceros turísticos, pero nosotros hemos preferido optar y negociar una versión menos turística, un pequeño barco (si se le puede llamar así) para nosotros y como mucho un par de personas mas. Un taxi nos lleva a otro lugar de la ciudad donde hay un pequeño embarcadero y allí viene nuestro barco. Nos subimos y todos coincidimos en que es simplemente genial. Algo tranquilo, pequeño, perfecto. Aquí vamos a pasar los próximos tres días recorriendo la bahía de Halong y la bahía de Lan Ha (se supone que la bahía de Bai Tu Long también va en el lote, pero no se si hemos llegado hasta allí).
A bordo de nuestro barco. Dia nublado

¿Cómo describir el paisaje? Imposible. Nunca la expresión "una imagen vale mas que mil palabras" fue tan cierta. Según he sabido recientemente esta bahía ha sido declarada uno de las maravilla naturales del mundo y no es para menos. Cerca de unas mil formaciones rocosas van surgiendo del mar, con diferentes alturas, formas, extensiones y vegetaciones formando un inigualable laberinto acuático. Formaciones kársticas erosionadas por el agua, el viento y el tiempo. Resultado sin igual.

Los 3 días a bordo de este barco, los paisajes vistos y las experiencias disfrutadas son algo que difícilmente voy a olvidar mientras viva. Son de esos momentos en los que realmente te sientes una persona afortunadas por vivir una experiencia única. De esos que dan sentido a un viaje y a todo un año de preparación. De esos que ilustran con imágenes las palabras que rezan como cabecera de mi blog...

Una cuarta persona (además de nuestro dos tripulantes vietnamitas) se incorpora a nuestra aventura. Se trata de Verónica, una chica de la República Checa, que se encuentra viajando sola por la península asiática. Ella va a ser partícipe de todos nuestros momentos, incorporándose como un miembro mas del grupo.

En estos días hemos disfrutado de experiencias únicas. Es difícil resumirlas aquí. Os daré unas pinceladas, pero espero que entendáis que intentar plasmarlo en palabras y máxime escribiendo desde mi iPhone es imposible. Uno de los mayores placeres a bordo ha sido comer autentica comida vietnamita, cocinada por nuestra tripulación en el propio barco, en nuestro pequeño comedor situado en la proa (hay que ver como nos manejamos ya con los términos náuticos). Atravesar cientos de casas flotantes rodeadas de artilugios y estaciones de pesca tradicional. Dormir amarrados en mitad de la bahía contemplando, sin duda, el cielo mas limpio y estrellado que haya visto jamás.

Posando con nuestros kayaks
Pero los momentos supremos han venido a bordo del kayak. Los tres días hemos salido desde nuestro barco a hacer rutas en kayac de dos. Esa sensación de libertad en el mar; remar donde quieras; pasar cerca de las pequeñas estaciones pesqueras flotantes; atracar en una pequeña playa donde hay un templo; introducirte por una cueva acuática, debajo de uno de los macizos kársticos y llegar a una bahía cerrada, privada, teniendo la sensación de ser la primera persona que llega allí, de descubrirla por primera vez. Resulta increíble pensar que quedan lugares así en el mundo, sin explotar, sin transformar, exhibiendo una naturalidad casi artificial por la pureza de la misma. Siento que las palabras se me quedan cortas para intentar acercaros lo que hemos visto.

Hemos tenido mil y una aventuras y momentos a bordo, pues todo es nuevo y diferente. Desde tomar una ducha, hasta tapar los agujeros en mitad de la noche por donde apareció una rata hasta tener que desatascar el baño por el apretón de uno de los integrantes a las 2 de la mañana para terminar viendo las estrellas tumbados en el exterior del barco. Diferentes situaciones que todas han tenido las risas y el buen ambiente como denominador común. Eso es algo grande, muy grande. Y es que da igual cuantos contratiempos surjan si los recibes con optimismo y buen humor. Con gente así da gusto viajar.

"The travel team"
El tercer día de nuestro crucero amanece también con un día espectacular. Recién levantados desayunamos en nuestro comedor al aire libre viendo despertar el día. Nos avisan que vamos a cambiar de barco y nos separamos de nuestra compañera checa que tiene que estar pronto en el siguiente punto de su viaje. Nosotros vamos a realizar de nuevo kayak y viajar hasta la "monkey island" (vamos, la isla de los monos en cristiano), muy a pesar de Xabi que huye de las aglomeraciones turísticas. Pero no queda otra, iba en el pack y hay que pasar por ello. Al final resulta mejor de lo esperado ya que ascendemos una pequeña montaña y tenemos unas vistas espectaculares del paisaje. También vemos a los susodichos monos de cerca y en acción, acosando a las turistas. El viaje finaliza en la isla de Cat Ba, donde llegamos sobre las 17 horas y en la que vamos a pasar la noche pero ya en un hostel, desde el que os envío las crónicas. Toca sentarse a diseñar el viaje para los próximos días. Así que guía en mano, experiencias y ganas de los viajeros y un poco de aventura se unen para trazar el siguiente paso. Por lo pronto mañana a madrugar, ya que comenzamos nuestro descenso hacia el sur, y con Ninh Binh como primer destino.
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