6 de septiembre de 2014

Etapa 12. Al final, Santiago

Y llegó. Llegó el día de poner fin a esta aventura y que mejor que alcanzando nuestro destino. Sin percances. Según lo previsto. Con algo de pena, sin duda, pero sobretodo con la emoción y la satisfacción de haber sido capaz de recorrer los 807 kilómetros que separaban hace menos de dos semanas la Plaza del Obradoiro del albergue de Roncesvalles. 

¡807 kilómetros!
Han pasado muchas cosas por el camino. Algunas intensas otras no tanto. Unas se olvidarán rápido, y otras sin embargo, espero recordarlas siempre.

Es la segunda vez que completo este reto. La primera vez fue a pie y esta ha sido en bici. Todos me habéis preguntado por la comparación: ¿cuál ha sido más duro?, ¿cuál te ha gustado más?. Deciros que son diferentes. El hacerlo andando es más largo evidentemente. Quizás las ganas de llegar sean más intensas porque las acumulas durante más días. Al ir más despacio te permite hablar más con tus compañeros de viaje y con las personas a las que adelantas o con las que te cruzas. Físicamente es menos exigente aunque es cierto que el cuerpo se "machaca" más: los pies, ampollas, tirones, sobrecargas y la mochila en la espalda. Y por último las etapas suelen ser prácticamente iguales para todos con lo que vas coincidiendo con la misma gente a lo largo del camino, lo que favorece el estrechar lazos. 

En bici es completamente diferente. Deportivamente hablando es mucho más duro, sobre todo en esas cuestas arriba que te obligan a darlo todo. Aunque luego por contra, llegas al final de la etapa y puedes estar cansado, pero no llegas "machacado". También eres menos consciente del peso que transportas, siempre es mejor arrastrar que cargar. Las partes negativas es que tienes muchos momentos de soledad subido en la bici, cada uno a su ritmo sumido en sus pensamientos. Las etapas que planea la gente que va en bici son muy variadas en función de los días que cada uno dispone, su forma física, sitios en los que se quiere parar y demás, con lo cual es difícil coincidir incluso entre los mismos bicigrinos. 

Rodando por una "corredoira"
Si alguno estáis pensando en hacerlo de una u otra manera, no sabría aconsejaos y decidirme por uno. Sólo os animaría a que lo hicierais. Como queráis. Este Camino u otro que elijáis. Pero viajad. Salid de casa. Experimentad el estar días y días con lo puesto y con lo poco que lleváis encima, os daréis cuenta que no necesitáis nada más. Y que la sensación de no necesitar nada más realmente te hace libre y te permite disfrutar de las cosas pequeñas y cotidianas que pasan desapercibidas en nuestro día a día. 
En el Monto do Gozo
Hay quien necesita llevar un viaje completamente atado antes de salir de casa, sin tiempo ni opción a la improvisación. Evidentemente hay viajes para todo. Pero os animaría a que probárais a iros de viaje con una idea vaga. Dejando que el viaje se vaya diseñando así mismo. Con la libertad de dejarse aconsejar, de descubrir esos rincones y esas experiencias que no salen en las guías. Seguro que el resultado os acaba sorprendiendo. 

Y bueno, después de esta reflexión final al viaje os cuento como ha ido nuestra corta pero intensa etapa de hoy. 

Si recordáis nos quedamos durmiendo en Arzúa y desde allí salimos hoy. Según marca el hito del Camino que hay a la salida nos deberían quedar 36,5 kilómetros a Santiago. Y digo deberían porque ya veréis como por una cosa o por otra siempre acabamos haciendo alguno más. El camino ha sufrido tantas modificaciones y desvíos, sobre todo para dar vida hasta el último pueblo posible, que siempre estas distancias que se marcan hay que tomárselas como orientativas.  

Si la etapa de ayer la definimos como "rompepiernas" la de hoy habría que elevarla al cuadrado. Resumen: una concatenación de fuertes subidas y fuertes bajadas de manera constante y sin tregua hasta llegar a Santiago. Al perfil hay que sumarle la dificultad de ir esquivando pie-regrinos constantemente, bicigrinos y a otros ciclistas BTT ocasionales de la zona que han decidido entrenarse por allí. Resultado: eso parece la M-30 en hora punta. 

El Camino es muy parecido al de ayer: alternancia entre tramos de camino y de asfalto antiguo pasando por innumerables aldeas y pueblos. Abordamos dos rampas realmente exigentes con la experiencia y el entrenamiento que llevamos ya en las piernas sin tener que echar pie a suelo. Hemos aprendido a dosificar y a tomarnos las cuestas arriba con tenacidad y constancia. 

¡ULTREIA!
Con mi socia
Las ganas de llegar a destino parecen alargar los kilómetros de hoy haciendo que estos avancen muy lentamente en nuestro cuentakilómetros. Tras la última subida llegamos al famoso Monte do Gozo desde donde podemos contemplar ya Santiago de Compostela y las agujas de su catedral al fondo. Desde allí va a ser toda una bajada hasta la entrada de la ciudad. En vez de acudir directamente a la catedral, nos desviamos un poco para encontrar una gasolinera donde poder dar un "manguerazo" a las bicis y dejarlas limpias para su empaquetado y envío a casa. 

Y ya por fin entramos en la plaza del Obradoiro. Las labores de limpieza de la catedral la mantienen prácticamente oculta tras los andamiajes, lo que resta encanto al momento. Pero visto el estado de la fachada esta claro que la piedra necesita una limpieza de musgos, líquenes y demás hierbas que salen por todos lados. Para dar cierre a la jornada de hoy no podía faltarnos un típico elemento gallego: la lluvia. Hacemos entrada en la plaza con un leve "chirimiri", tan característico en la zona. Así hemos tenido todos los elementos típicos: los caminos, las pallozas, las vacas, sus boñigas y la lluvia. Bueno, todos aún no. Nos faltará para la tarde disfrutar de su deliciosa gastronomía, algo que haremos minuciosamente. 

Caminando por Santiago
Y ya poco más que añadir. Tenemos albergue reservado para dos noches en el cual hacemos entrega de las bicis desde donde nos las enviarán por mensajería a casa. Nos quedará ahora disfrutar de  la ciudad Santiago hasta el lunes a la mañana que tomemos el tren de vuelta a casa. 

Mañana domingo aprovecharemos para recibir la visita de la familia de Ro, que vendrán a pasar el día y comer con nosotros. 

Y dicho esto, solo me queda despedir la etapa, la entrada de hoy y este viaje haciendo una especial mención a Ro, mi compañera de viaje, sin la cual la experiencia jamás hubiera sido la misma. Ha aguantado las etapas y los perfiles como una auténtica campeona, a pesar de que su tendón de Aquiles le ha ido dando guerra. Como ella dice, no había cuesta que no se pudiera subir, ela entraba en modo "poliki poliki" y arriba que llegaba. Sobre todo agradecer su facilidad para viajar, para adaptarse a los contratiempos que siempre surgen, pero que hemos superado siempre con una dosis de humor. Ha sido un placer pedalear a tu lado socia. 

Un abrazo a todos los que me habéis seguido, me habéis escrito y habéis vivido un poco de mi viaje a través de mis crónicas. 

Me despido hasta el siguiente viaje, que no se ni cuándo ni dónde será, pero que seguro que habrá. 

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