26 de mayo de 2015

Geysir.

Sí, Geysir. Probablemente pensareis que esta mal escrito y que debiera ser géiser. Pero ambas son correctas. Ahora en seguida os cuento.

Amanecemos en nuestro camping fantasma, sin que la situación haya cambiado de la que nos encontramos ayer a la noche. Instalaciones completamente desiertas. Sin nadie por ningún sitio. Desayunamos. Recogemos y nos ponemos en marcha.

Nos dirigimos hacia la zona conocioda como "círculo dorado". Lo primero a visitar es la cascada de Gullfoss. Controvertidas las informaciones sobre ella según la fuente que se consulte. Hay guías que la nombran como la cascada más impresionante de Islandia y una de las más maravillosas del mundo. 
Se trata de una doble cascada de más de 30 metros, en la que el río glaciar Hvitá se despeña por el borde una falla, cayendo estrepitosamente en medio de un cañón de gran profundidad. 
Su nombre en islandés significa “cascada dorada” y alude al fenómeno de refracción que los rayos solares crean en la neblina de agua que se levanta tras la violenta caída, creando un arco iris completo. 



Después de todas las cascadas y saltos de agua que hemos presenciado en Islandia no me atrevería a decir que es la mejor cascada, pero sin duda una de las más espectaculares. Quizás lo que desluce a esta cascada en comparación con otras vistas es que el entorno está trasformado y adaptado para el turismo, por ser uno de los principales destinos turísticos del país. Eso, unido a la mayor cantidad de turistas contemplándola, le restan encanto y naturalidad.



De ahí, y en tan sólo 10 kilómetros, llegamos al pueblo de Geysir. Géiser es una palabra de uso universal derivada del nombre de la más famosa de las fuentes de agua caliente de Islandia, el gran Geysir, considerado el segundo surtidor de agua caliente más grande del mundo (después del de Steamboat en Estados Unidos). Ha estado poco activo desde principios del siglo xx, pero en sus erupciones más potentes el chorro de agua llegaba a una altura de 80 metros. Actualmente se le considera un géiser dormido.

Dentro del mismo recinto se sitúa otro surtidor de agua caliente bastante más activo, Strokkur, que aproximadamente cada seis minutos lanza un chorro de agua hirviente hasta unos 20 metros de altura. Algunas veces hasta somos obsequiados con dos chorros seguidos.


Los alrededores están salpicados de numerosos manantiales de agua caliente o depósitos de fango hirviente que humean incesantemente, dando al paisaje una atmósfera brumosa. De nuevo volvemos a compartir la experiencia con bastantes turistas, que cual horda de paparazzis, están apostados con sus cámaras de fotos esperando la salida del chorro de agua.

Comemos en el pequeño pueblo de Laugarvatn, a medio camino de nuestro siguiente destino: el parque natural de Þingvellir.
Þingvellir es la sede del antiguo Parlamento islandés, aunque al contrario de lo que pueda pensarse, no es un edificio sino un paraje natural reverenciado por los islandeses. El parlamento islandés es una de las primeras instituciones democráticas del mundo que data del año 930.


Desde el punto de vista geológico el llano de Þingvellir tiene una gran importancia, ya que es la parte emergente de la inmensa falla dorsal del Atlántico Norte, que marca el encuentro de las placas tectónicas submarinas del este y del oeste. También es el lugar donde más fácilmente se puede apreciar la grieta que separa la placa tectónica americana y la europea. No es algo estático sino que se encuentra en movimiento, aumentando cada año dos centímetros la distancia entre ambas placas. Por eso toda esta isla tiene una actividad geotérmica tan intensa. Toda su parte central esta en contínuo movimiento, emergiendo y creciendo cada año. 


Finalizamos el día de nuevo en un camping desierto, pero para nada tiene el aspecto fantasmagórico del de la pasada noche. Nos encontramos en la cola del lago Þingvallavatn, encaminados ya en la carretera 36 dirección Sellfoss (pueblo, no confundir con la cascada. Otra de las cosas que nos hemos dado cuenta es que a los islandeses les gusta repetir nombres. Nos hemos encontrado con varios nombres duplicados a lo largo de la isla). Esta vez el camping esta muy cuidado, con todos los servicios y unas impresionantes vistas al lago. A pesar de que no hay nadie acampado ni en recepción, al poco de nuestra llegada aparece un chico muy amable que nos explica el funcionamiento (típica rutina "campamentil") y al cual pagamos por la pernoctacion. Aprovechamos para tomar una ducha termal (ducha con una única temperatura de agua, mas caliente de lo deseable) y cocinar y cenar en la sala de estar del camping.

Y enfilamos ya hacia nuestro último día completo con autocaravana. 
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25 de mayo de 2015

No hay dos sin tres.

Amanecemos junto a la playa. Llueve, pero seguro que la situación cambia rápido. Hemos dormido justo al lado del muelle donde sale el ferry para la isla de Heimaey. El viaje hasta el único núcleo habitado dura 35 minutos. El pueblo es Vestmannaeyjar. La entrada al puerto flanqueada por dos escarpados acantilados es espectacular. Es sus paredes anidan y se posan miles de aves, sobre todo gaviotas y hasta conseguimos ver algunos frailecillos. Según hemos leído en la primera semana de agosto es cuando los polluelos de estos coloridos pájaros realizan su primer vuelo, convirtiendo esas fechas en el momento óptimo para verlos.



A nuestra llegada a la isla todavía llueve, aunque cesa rápidamente. Realizamos un trekking hasta un volcán cercano, desde donde se tienen unas vista inmejorables del puerto, del pueblo y de la bahía. La isla rebosa actividad geológica por doquier. Piedras humeantes en la cima del volcán y la arena templada bajo nuestro pies recuerdan su reciente actividad volcánica. La isla fue parcialmente arrasada en la erupción de 1973, cuando todos sus habitantes tuvieron que ser evacuados. De las 1.350 casas de la localidad 417 fueron engullidas por la lava incandescente y otras 400 sufrieron daños de diversa consideración.


Heimaey es una de las dieciséis islas que forman un archipiélago situado frente la costa sur de Islandia, conocido como las islas Vestmann. Hasta el año 1963 estas ínsulas eran quince, pero en noviembre de ese año una erupción surgida del fondo del mar dio origen a una nueva isla, Surtsey.El acontecimiento pudo seguirse incluso por la televisión. Desde su formación la isla fue proclamada un espacio protegido y en julio de 2008 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Hace falta permiso especial para visitarla y esta considerada el trozo de tierra más jóven del planeta.


Volvemos en el ferry del mediodía y llegamos de nuevo a la costa islandesa para comer en nuestras autocaravanas. Después de tantos días de convivencia ya tenemos las rutinas establecidas y nos desenvolvemos a la perfección en un espacio tan reducido pero que tiene todo cuanto podemos necesitar. 

Nos acercamos hasta la cascada de Seljalandsfoss, a pocos kilómetros de donde nos encontramos. A pesar de pasar desapercibida en muchas guías es de una belleza espectacular. Una amplia cortina de agua cae desde 60 metros de altura, añadiendo a su atractivo el poder pasar caminando detrás de ella. Recorrido que hacemos con sumo cuidado por lo resbaladizo del terreno, finalizando completamente empapados.


Nos ponemos en carretera dirección cascada de Háifoss, destino final previsto para hoy. Nos detenemos en la gasolinera de Hvolsvöllur para realzar las tareas rutinarias de mantenimiento del vehículo cuando vamos a toparnos con un nuevo imprevisto. Una vez repostados, y al ir a emprender de nuevo nuestra marcha, nos encontramos con que la autocaravana no arranca. No es que no arranque, es que no se enciende ninguna luz al girar la llave. Comienza la "gymkana" de conseguir asistencia técnica. Llamamos a nuestro comercial y sale el teléfono apagado. Llamamos al teléfono de asistencia 24 horas de la empresa de las caravanas y coemienza un examen de la escuela de idiomas: tema elegido, averías del automóvil y partes del vehículo. Te das cuentas de las limitaciones de un idioma sobretodo cuando tienes que manejarte con lenguaje técnico.
Conseguimos hacernos entender y que nos envíen un "mecánico". Lo entrecomillo, porque lo primero que nos pregunta la persona que aparece una hora después es "¿dónde tiene la batería este vehículo? Con esa pregunta ya intuimos que mucho de estos vehículos no sabe. Guiado por teléfono por su jefe y tras varios viajes a por herramientas y una hora después, conseguimos encontrar un fusible fundido en el bloque motor y hacer que el vehículo vuelva a funcionar. Resultado: tres horas perdidas pero habiendo aumentado nuestro conocimiento sobre los medios que tienen los islandeses para solucionar sus problemas. Primero fue la asistencia sanitaria de urgencia, después la reparación en un taller mecánico y ahora la asistencia en carretera.

Con varias horas de retraso continuamos con el plan previsto, aunque tampoco vamos a poder llevarlo a cabo. Después de recorrer unos 100 kilómetros hasta el acceso a la cascada de Háifoss, tenemos que volvernos muy próximos a su llegado porque el camino de grava de acceso esta arrastrado y desbordado de agua en varios puntos. Desconociendo la profundidad y la firmeza del terreno descartamos el continuar, por miedo a tener que necesitar nuevamente la asistencia en carretera.


Así que desandamos parte del camino y nos adentramos en un camino que encontramos a la derecha indicando la existencia de un área de camping. Llegamos hasta él, y si pensáis en la descripción de un camping fantasma, ese es el camping en el que nos encontramos. No hay nadie. Ni rastro de gente ni de que haya habido recientemente. Todas las parcelas vacías. No hay puerta de entrada al recinto, sino que todo esta abierto. La caseta principal cerrada. Los baños están abiertos, con agua, papel y en perfecto estado. Toda la vegetación está negra, arrasada, quemada. Probablemente como consecuencia de la última erupción del volcán Hekla, que se encuentra en la inmediaciones y cuyo cráter dormido se encuentra cubierto de nieve en estos momentos.

El estado del camping, la similitud de la situación con alguna película de terror conocida como viernes 13, desata la imaginación, los ruidos, las historias de terror y se presta a las bromas, los sustos y el miedo.


Entre historias y anécdotas disfrutamos de ese paraje único siendo conscientes de que poco a poco esta aventura va tocando a su fin y que tan sólo nos quedan dos noches más a bordo de nuestras casas rodantes.
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24 de mayo de 2015

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Llegando al sur.

Kilómetro a kilómetro vamos cerrando nuestra vuelta a la Isla. Llegamos a la zona sur.

Hoy madrugamos menos de lo habitual y nos damos el capricho de empezar nuestra jornada aventurera casi a las once de la mañana. Enfilamos los 70 kilómetros que nos separan de Vik, pequeña localidad costera situada en el extremo sur de la isla. Repostamos y realizamos las tareas de manentimiento diario de la autocaravana. Ya una vez listos, nos acercamos hasta el espigón de piedras que protege al pueblo del fuerte oleaje de la zona para divisar una de las caprichosas formaciones rocosas que de cuando en cuando se erigen en las costas Islandesas. 

Curiosas formaciones rocosas



Bordeamos un entrante de mar en la costa para observar la misma formación rocosa, ahora desde otro lado. Nos encontramos en Dyrhólaey, nombre del paraje de acantilados escogido por los frailecillos para descansar. En sus escarpadas rocas acostumbran a posarse miles de frailecillos en la época de mayor densidad de estas aves. Según parece hemos llegado un poco pronto porque no acertamos a ver ninguno. Parece que estamos teniendo la misma suerte con estas pequeñas y coloridas aves como con las ballenas en Dàlvik.

Continuamos camino por la "ring road" y nos desviamos a la derecha para tomar la 221 hacia la lengua del glaciar Sólheimajökull. Tras dejar los vehículos estacionados en el parking y una pequeña aproximación a pie de unos 10 minutos, nos encontramos caminando por encima de la vasta extensión de hielo. No todos los días puede darse uno la satisfacción de caminar por encima de los hielos de un glaciar. 

Glaciar Sólheimajökull



Siguiente parada obligada: cascada de Skógafoss. Quizá sea una de las cascadas más fotografiadas de Islandia. La excepcional localización y su fácil acceso la hacen uno de los intereses turísticos más visitadas. Es imagen promocional de muchos vídeos y portadas de guías de viaje.
Ya desde la zona de parking (sitio muy turistico) se puede divisar la cascada. Tras unos metros de suave camino llegamos a contemplar la cascada con toda su majestuosidad, considerada por muchos como la cascada más bella de Islandia.


Una leyenda cuenta que el colono de estas tierras, Þrasi Þórólfsson, escondió un cofre lleno de oro en una cueva detrás de la cascada, inasequible debido a la compacta cortina de agua que cae continuamente. Cuando el sol ilumina la cascada se dicen que brilla el oro de Þrasi. Muchos han hecho el intento de encontrar el cofre y en una ocasión se consiguió atar una cuerda a un asa, pero al estirar sólo salió el asa, que posteriormente fue usado para la puerta de la iglesia en Skógar, que en la actualidad se conserva en el museo etnológico. 

Cascada de Skógafoss


La tremenda cortina de agua se pulveriza al llegar al suelo, originando unas intensas corrientes de aire y una constante llovizna. Nos fotografiamos a escasos metros de donde la cascada impacta contra el suelo, poniendo aún más de manifiesto sus colosales dimensiones. Hacemos la ascensión hasta la caída de agua a través de unas empinadas escaleras que ponen a prueba la forma física de cualquiera.

Desde ahí continuaremos, bajo recomendación de nuestros recién conocidos amigos catalanes, hasta las aguas termales de Seljavellir, donde una piscina natural, en medio de un circo de montañas coronadas por nieve, proporciona un merecido descanso a los intrépidos aventureros.

Baño en aguas termales


Dormimos en la playa de Landeyjasandur, muy cerca del aparcamiento del ferry que nos acercará mañana a la isla de Heimaey, donde esperamos ver frailecillos.
Llevamos unos días en los que no ha sido posible conectarnos a internet, tanto por los lugares en los que hemos estado como porque en esta zona al ser mas turística econtramos todos los wifis cerrados. Así que estamos completamente desconectados de la jornada electoral que se esta viviendo en España. A ver que nos encontramos a la vuelta.

Espectacular puesta de sol detrás de nuestra autocaravana


A dormir mirando al mar, viendo un largo ocaso y oyendo las olas rompiendo contra la playa. Buenas noches. 

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23 de mayo de 2015

¡¡ ICEBERG !!

Hoy llegamos a una de las principales atracciones y reclamos de Islandia. Su glaciar Vatnajökull, situado al sureste de la isla. Circulando por la carretera principal llegamos hasta Jökulsarlon, una laguna glaciar con bloques de hielo flotantes que se desprenden de las lenguas de los glaciares, y en los que la erosión del viento y del agua ha esculpido formas antojadizas. La caprichosa variedad de siluetas rivaliza con la infinidad de tonalidades que van desde el blanco resplandeciente hasta el azul turquesa.

Laguna glaciar de Jökulsarlon.
Siempre que uno llega a paisajes como este siente que una fotografía no hace justicia a la belleza de su visión al natural e intenta disfrutar de algo especial, único, que no sabe si volverá a contemplar. Te invade la sensación de ser extremadamente pequeño y frágil ante la fuerza y poderío de la naturaleza, que nos regala, una vez más a los largo de este viaje, una demostración de su riqueza y variedad.

Hacemos multitud de fotos intentando captar todos los matices, todos los colores, todos los rincones. El paisaje devuelve al turista pequeñas recompensas fotográficas: focas que emergen su cabeza para desaparecer después sin dejar rastro; aves que emprenden vuelo rasante por las calmadas aguas; burbujas de aire que encuentran libertad después de llevar tiempo atrapadas en el hielo... Toda una experiencia visual.

Bajamos hasta la playa donde encontramos toda clase de formas gélidas. Cascotes de hielo que agonizan a pie de playa hasta su disolución final. Muchas de ellas parecen más obra de un escultor que fruto de la erosión y el desgaste. Dejamos pasar el tiempo sin que nos importe demasiado maravillados por la experiencia y el paisaje. 

Llegamos a la turística aérea de Skaftafell. Desde unos kilómetros atrás empezamos a notar como todo comienza a estar más preparado para el turismo. Dejamos de disfrutar de esa sensación de exclusividad en nuestro viaje para empezar a compartir los paisajes con los primeros turistas, que al igual que nosotros, se han adelantado al inicio de la temporada, prevista para el próximo 1 de junio. Desde aquí haremos a pie un pequeño trekking hasta la cascada de Svartifoss. De nuevo un espectacular salto de agua desde la cima de unas negras columnas de basalto. 

Pequeñas recompensas de la naturaleza.
Haciendo muestra de la labilidad climática de Islandia, comienza a llover de regreso a la autocaravana. Estamos amortizando los trajes de agua. Para cuando llegamos, la lluvia ya ha cesado y comienza a mejorar el tiempo. Ya empezamos a acostumbrarnos a tener todos los tipos de clima en un mismo día, y esta claro que en Islandia no hay que posponer planes por el tiempo, porque como os decía en un entrada anterior, éste cambia cada cinco minutos. Aquí ser "hombre del tiempo" es extremadamente fácil, pronostiques lo que pronostiques, seguro que aciertas. 

Caprichosas formas del hielo.
Continuamos los últimos 90 kilómetros hasta uno de los pueblos innombrables de Islandia: Kirkjubaejarklaustur. Esta zona es peligrosa por las frecuentes tormentas de arena. La carretera atraviesa un desierto de arena negra en la que no hay ningún pueblo ni construcción. Es el desierto de Skeidaràrsandur. Toda esta zona, incluidos algunos puentes de la antigua carretera, fueron arrasados en la erupción el volcán Gigjukvisl el 5 de noviembre de 1996. Los ríos de lava destruyeron todo a su paso en su camino hacia el mar.

Cascada de Svartifoss.
Llegamos ya a nuestro pueblo fin de etapa, ese del nombre "corto" que os he comentado antes. La intención que tenemos es la de encontrar un bar abierto y salir a tomar unas cervezas y ver como se vive en este país el festival de Eurovision. Pero todo que esa en eso, en una intención. El pueblo es muy pequeño. Apenas hay un par de cafés que están cerrados y un restaurante. Así que nos acomodamos en el camping y preparamos cena en la sala de estar del edificio de servicios. Allí conocemos a Carlos y Raquel, catalanes que están de luna de miel en Islandia. Prolongamos la sobremesa jugando al "UNO" en el que Iosu fue el claro vencedor y Aitor destacó por su tendencia a acumular cartas. 

Aprovechando que es sábado y que la noche se ha hecho más corta de lo habitual, posponemos la hora de salida de mañana para no madrugar. Hasta mañana.

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22 de mayo de 2015

Continuan las adversidades.

Noche movida. La contínua lluvia y las fuertes rachas de viento han hecho difícil el conciliar el sueño. Para unos más que para otros (que se lo pregunten a Aitor).

Nos desayunamos con una situación de urgencia. Estando realizando la primera comida del día oímos en el exterior los gritos en inglés de una mujer solicitando auxilio. Salimos a toda prisa corriendo hacia el comedor del camping y nos encontramos con una persona tumbada en el suelo. Se trata de Steve, un señor Esocés de 57 años que conocimos la pasada noche. Rápidamente nos ponemos a atenderle. Según parece ha perdido la consciencia aunque a nuestra llegada ya está recuperada. Permanecemos con él, le tomamos la tensión y le atendemos, dentro de lo que la ausencia de material nos permite. Nos llama la atención que la persona que atiende la recepción del camping continúa con sus quehaceres como si la situación no fuera con él. Le pedimos que solicite una ambulancia ya que lejos de mejorar la situación, la perdida de conscienca vuelve a repetirse en nuestra presencia.
La primera persona en llegar es un varón bastante grueso, con poca sensación de urgencia y portando un maletín negro sacado de una película de los años 80. Dentro del maletín tan poco material como intenciones de hacer algo trae su portador. La tensión se la toma a medias, ya que no trae fonedoscopio (los sanitarios me entenderán), le va a tomar la glucemia y el aparato no tiene baterias... Llega la ambulancia y la situación no mejora. Nadie pregunta apenas nada. Nadie habla con el paciente salvo nosotros. Sacan otro aparato para tomar la glucemia y de nuevo sin batería. Sin hacerle ninguna exploración, ninguna medición, ninguna técnica, montan a Steve en la ambulancia y se lo llevan. Ahí finaliza nuestra experiencia con el sistema sanitario de urgencias de Islandia y lo cierto es que deja bastante opciones de mejora. Nos preguntamos si es por estar en un lugar pequeño y remoto, aunque realmente con excepción de Reykjavik el resto de la isla es así.

Las experiencias vividas son aquellas que definen la percepción de un país. Sólo cuando vives durante un tiempo en un sitio empiezas a conocerlo. Antes de venir habíamos leído acerca del servicio sanitario de Islandia, que lo posicionaban como uno de los mejores del mundo. Es bueno también viajar y ver otras culturas para valorar en su justa medida lo que tenemos en nuestro país. Muchas veces pensamos que lo de los demás es mejor y tendemos a menospreciar e infravalorar lo que tenemos. Y nada más lejos de la realidad. Tenemos muchas cosas que mejorar, pero muchas más de las que sentirnos orgullosos.

Tensión en la nieve.

Continuamos día y desandamos el recorrido realizado ayer. Nos dirigimos de nuevo hacia la localidad de Egilsstadir para desde ahí comenzar a bajar toda la costa Este de Islandia. Los 26 kms que separan ambas localidades nos van a poner a prueba. La carretera atraviesa un pequeño puerto de montaña y comienza a nevar copiosamente. Carretera blanca en muchos tramos. Vamos circulan con precaución hasta que en una cuesta arriba nuestra autocaravana comienza a quedarse sin fuerza y perder tracción. Así hasta que se para y nos quedamos completamente parados obstaculizando ambos sentidos de la carretera. No es que el dibujo de las ruedas se haya llenado de nieve, ni que las ruedas patinen sobre el hielo, simplemente que el vehículo no tiene la suficiente fuerza para conseguir mover el peso en un firme tan resbaladizo. La otra autocaravana se queda parada después nuestra. Otra furgoneta que nos sigue también. No conseguimos hacer que el vehículo traccione y no nos movemos. Comenzamos a hacer tapón. Otros tres coches se quedan parados detrás. Intentamos empujar pero los esfuerzos por moverla son valdíos. Hace un frío intenso y menos los dos conductores todos estamos fuera intentando ayudar, empujar, señalizar... La verdad es que todos hemos sufrido lo nuestro. Llega un quitanieves. Afortunadamente al estar en cuesta nos permite dejarnos caer y poder orillarnos lo suficiente para que los vehículos detrás nuestra y sobretodo el quitanieves puedan pasar. Nos resulta chocante que tanto los coches que están detrás como el quitanieves nos adelantan pero ninguno se para a preguntar si necesitamos algo y mucho menos a echar una mano. 

Estado de la carretera.
Pasamos todavía por un par se tramos de carretera completamente blancos. Circulamos con miedo de tocar el freno, de que nos haga frenar el de delante o de que volvamos a perder tracción. Después de pasar algunos momentos en los que aguantamos la respiración, conseguimos llegar a Egilsstadir y respiramos tranquilos de nuevo.

Cascada de Hengifoss.
Paralelamente a todas estas vicisitudes Aitor ha estado cruzando mensajes con el comercial de la empresa donde reservamos las autocaravanas para conseguir resolver el tema del neumático que hemos tenido que sustituir. Tras varias reclamaciones e insistencias conseguimos que nos cambien los cuatros neumáticos. Tenemos que volver a primera hora de la tarde. Hasta entonces aprovechamos para ir a visitar la cascada de Hengifoss, al lado del lago Lagarfljót. Según cuentan las leyendas locales este lago es el equivalente al lago antes, en el que el monstruo ha sido sustituido por un gusano gigante. Comentan que la última vez que se ha visto fue recientemente y que incluso circula un vídeo en YouTube donde dicen que puede verse.

Hacemos la ascensión hasta el donde de la cascada volviendo a contemplar la formación de columnas basálticas tan carácterísticas en esta isla. Esta vez el agua se vierte vertiginosa desde la parte superior de es formas caprichosas.

Para las cuatro de la tarde estamos en el taller y lo cierto es que parecen los bóxes de una escudería de fórmula 1. Los trabajadores se mueven rápidos por el local, y en menos de media hora tenemos los cuatro neumáticos cambiados. Se ha hecho cargo de todo la empresa de autocaravanas, así que nosotros no tenemos que pagar nada. Hemos tenido que hacernos valer pero la empresa ha respondido correctamente. 

Continuamos camino, ahora con zapatillas nuevas, dirección Höfn. No paramos en ningún sitio en particular, pero en general pasamos por uno los paisajes más bellos que hemos visto en todo el viaje. La carretera discurre serpenteante dibujando entrantes y salientes en el mar. Escarpados acantilados, playas infinitas de arena negra. Un sol ya bastante bajo proyecta sus luces y sombras añadiendo encanto a las vistas.

Nuestra "casa" en el taller.
Después de más de 150 kms de carretera principal (nuestra famosa ring road), algunos de cuyos tramos están sin asfaltar, llegamos a Höfn donde pasamos noche en un área de camping y realizamos nuestro merecido ritual de ducha y descanso.
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21 de mayo de 2015

La gran Dettifoss

Y la espera mereció la pena. Sin duda.

Abandonamos el área de camping en el que hemos pasado la noche: camping Hlíd en Vídihlíd. Recomendable el sitio y la amabilidad de las dos chicas que regentan el negocio. Después de una buena ducha con agua caliente, electricidad y wifi todo se ve de una manera diferente.

Lo primero que nos encontramos al dejar atrás el pueblo es un cartel que nos avisa que no existe ninguna gasolinera en los próximos 132 kms, preludio del deshabitado recorrido que vamos a hacer.

A unos 30 kms tomamos una carretera a la izquierda que nos lleva camino de Dettifoss. Ascendemos lenta pero continuamente, tornándose el paisaje más y más nevado cada vez, hasta pasar por zonas en las que el único sitio donde no vemos nieve es en la carretera, afortunadamente. Llegamos al área de parking, nos preparamos e iniciamos recorrido hasta las cascadas. El acceso no esta libre de contratiempos. La nieve esta blanda y en deshielo y ha perdido consistencia en algunas zonas, lo que hace que Iosu y yo demos con los pies en el fondo de un riachuelo antes cubierto de nieve. Sigue llamándonos profundamente la atención como los lugares turísticos en Islandia, por muy visitados que sean, apenas están transformados para el turismo. Tan sólo unas discretas estacas de madera balizan el recorrido que nos lleva hasta las cascadas mas espectaculares que haya visto nunca. 

Llegando a Selfoss.
Llegamos al recorrido del río glaciar Jökulsá, que discurre por una vertiginosa garganta de 44 metros de altura y 100 metros de ancho. Su caudal oscila entre 200 y 1500 metros cúbicos de agua por segunda. Visitamos dos de las tres cascadas que tiene, Selfoss y Dettifoss, no pudiendo visitar la mas pequeña de ellas, Hafragilsfoss.

El grupo con Dettifoss al fondo.
La cascada Dettifoss es la más potente de Europa y pone de relieve, una vez más, las desmesuradas fuerzas que han esculpido esta tierra. Para los que hayan visto la película de Prometheus, es la cascada inicial donde comienza la película y para los que no la hayan visto, les recomiendo que vean esa escena inicial. Con suerte (digo con suerte porque el tiempo nos ha respetado la visita a las cascadas), cuando estamos empezando el camino de regreso comienza a nevar discretamente para pasar en pocos minutos a caer pequeñas piedras de granizo con un viento racheado que hace prácticamente imposible ver por donde caminamos. Con la cara enrojecida por el frío y el golpeteo del granizo en la cara llegamos al refugio de nuestra autocaravana. Decidimos buscar un sitio para comer lejos de esta zona en la que está empeorando el tiempo. Pero  como ya decíamos en otra entrada, aquí el tiempo cambia con una rapidez tremenda y en unos pocos kilómetros encontramos ya un lugar en el que poder comer con tranquilidad.

Todo el entrono nevado.
El resto de la tarde la invertimos en viajar hasta el pueblo de Egilsstadir, donde aprovechamos para realizar algo de compra en el ya conocido supermercado "BONUS". Los kilómetros que hemos recorrido hasta llegar a este pueblo has sido por un paisaje completamente desértico. Los habitantes de la isla lo describen como lo más parecido a un paisaje lunar. Y la verdad es que si de repente te despertases un día en este lugar y te dijeran que estas en la luna, yo personalmente me lo creería. Miras en cualquier dirección hasta que la vista se pierde en alguna de las montañas nevadas que nos rodean y no se observa otra cosa que piedras y formaciones rocosas producto de lava enfriada tiempo atrás. Nada de vegetación. Ni un solo arbusto o árbol se levanta a nuestro alrededor. Ni una sola población. Tan sólo la carretera por la que vamos evidencia la mano del hombre en este paisaje.

Una vez llenas las despensas continuamos hasta Seydisfjördur, un pequeño y encantador pueblo localizado en la cola del fiordo del mismo nombre. El puerto es el corazón del pueblo. Alrededor se organizan las calles que se encuentran salpicadas de pequeñas casas multicolor de una sola altura.
Localizamos el área de camping y nos asentamos justo en el momento que nos percatamos que la rueda delantera derecha esta muy baja de aire. Primer percance en ruta. Acudimos a la gasolinera a hinchar la rueda y comprobamos que esta pinchada. Bueno, pinchada sería demasiado benévolo decir. Comprobamos que la rueda estaba parcheada y que lo que se ha desgastado es la zona arreglada, dejando los alambres al descubierto. 

Cambiando la rueda.
Hablamos con la empresa de alquiler y les manifestamos nuestro malestar por el estado del neumático. Lo van a tramitar y mañana nos contestarán. Entretanto cambiamos la rueda. Aumentan los problemas de mantenimiento y a la otra caravana se le funde una luz de cruce. Según nos comentan debe ser muy frecuente por los cambios bruscos de temperatura y las vibraciones del vehículo en las carreteras de grava.

De nuevo ritual nocturno (aunque sea de día): cena todos juntos en una autocaravana, sobremesa y a dormir.


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20 de mayo de 2015

Avistamiento fallido.

Continuamos en movimiento. Plan previsto para hoy: llegar a Dalvík. Se suceden paisajes espectaculares. Alternancia de carreteras estrechas, con otras más estrechas todavía. A pesar de movernos por carreteras principales, su estado y características están muy lejos de lo que conocemos como tal. El firme es extremadamente rugoso (imaginamos que para aumentar la adherencia al suelo), sin arcén, sin marcas viales laterales y como mucho alguna marca vial central cuya pintura no parece reciente. Los agujeros (que son como las meigas, "haberlos hailos") en vez de estar parcheados, están señalizados en el suelo con unas marcas de spray (suerte si consigues ver las marcas antes de comerte el agujero). Lo mejor que tienen aquí las carreteras es la ausencia de tráfico, lo que hace que a pesar de ser muy estrechas, la conducción sea relativamente cómoda.
Todas las carreteras van el alto, con desniveles a ambos lados, así que hay que estar muy pendiente de no sacar la rueda del asfalto para evitar acabar con las ruedas para arriba. Apenas se ven quitamiedos ni ningún tipo de protección lateral.
Otra de las cosas curiosas de las carreteras es que algunas están asfaltadas y otras son de grava. Las de grava en invierno están cerradas y sólo son transitables una vez que se ha derretido la nieve y se hayan secado, ya que si no se estropean.

En carretera.
Y después de este monográfico sobre las carreteras Islandesas continuamos camino hacia Dalvík. La carretera discurre perfilando todo el bloque de tierra que queda entre dos fiordos: Skagafjördur y Eyjafjördur, éste último es el fiordo más largo de Islandia. Continuamos viendo desfiladeros imposibles y escarpados acantilados. En este tramo atravesamos los únicos túneles que nos hemos encontrado hasta el momento en Islandia. Dos de ellos son extremadamente estrechos, en los que a pesar de ser muy largos y con doble sentido de circulación solo permiten el paso de un vehículo a la vez. No existe ningún sistema de señalización que de paso alternativo, sino que dentro del túnel hay unos espacios laterales en los que en caso de encontrarte con otro vehículo de frente, uno de los dos tiene que meterse para permitir el paso del contrario (o por lo menos ese nos ha parecido que es el funcionamiento básico).

Nuestros planes en Dalvík se ven alterados. La idea era coger un barco para pasar hasta la isla de Grímsey. Esta isla es el territorio más al norte de todo Islandia, y una pequeña parte de ella queda por encima del círculo polar Ártico. Lamentablemente el barco hasta esa isla no es diario hasta el 1 de julio que empieza la temporada alta y no tenemos posibilidad de ir, ya que el siguiente barco nos obligaría a perder dos días. En vista de que no es posible continuamos camino hasta Akureyri, la segunda población más grande de todo Islandia.


Nuestras caravanas.
Al ser una población grande aprovechamos para conectarnos a internet, vaciar las aguas residuales de la autocaravana y rellenar los depósitos de agua. Como aún no han abierto el camping aparcamos en la zona de parking cerca del puerto pesquero, muy próximos a un pequeño parque y con unas vistas espectaculares del puerto y del fiordo. Akureyri está localizada justo al final del fiordo que antes nombrábamos como el más largo de Islandia: Eyjafjördur. Aprovechamos también para ir a nuestro supermercado Islandés preferido: BONUS" (el de precios más asequibles). Hacemos acopio de víveres para los próximos 4 o 5 días. Y la verdad es que ir a comprar a un supermercado de un país es una de las mejores maneras de conocer un país: productos típicos, como está la economía, cuanto valen los mismos alimentos que compramos nosotros en España, que es lo que come la gente... etc.

La mañana siguiente la vamos a emplear en ir al gimnasio y al SPA con vistas al fiordo que tenemos enfrente del aparcamiento en el que hemos pasado la noche y en realizar compras y recados. A las 13:30 horas hemos contratado una excursión en barco por el fiordo para ver ballenas. Según nos venden se avistan ballenas en un 95% de los viajes, y tenemos que decir que acabamos de pasar a engrosar parte de ese 5% que no las ha visto. Tan sólo se han visto los lomos de dos ballenas de pequeño tamaño, con lo que retornamos un poco decepcionados con la experiencia. A pesar de lo infructuoso del avistamiento, la vuelta en barco por el fiordo con un día despejado y soleado como el que hemos tenido ha merecido la pena. Hemos podido estar también en la cabina de tripulación del barco y hemos podido conversar con el capitán, ver los instrumentos de navegación y hasta algunos sentarse en el sillón de mando.


A bordo del barco en el fiordo de Eyjafjördur.
A la tarde recogemos y abandonamos Akureyri para dirigirnos a la zona del lago Myvatn, una de las que aglutina una mayor cantidad de lugares y zonas para visitar. Todos de índole natural y fruto de la intensa actividad geológica de la isla. El primero de los espectáculos naturales con los que nos recibe esta zona es Godafoss, sin duda una de las cascadas mas hermosas de Islandia.


Cascada de Godafoss.
El lago Myvatn es uno de los más grandes de Islandia, con 37 km2 de superficie y sólo entre 1 y 4 metros de profundidad. Es famoso por su fauna aviar, por su belleza paisajística y por estar rodeado de pequeños cráteres, algunos de los cuales hemos visitado y bordeado en pequeñas excursiones. Toda la zona tiene una intensa actividad geológica. Según hemos leído existe una gran cámara de magma incandescente que está situada directamente debajo de la región y que en algunos lugares esta a tan sólo 3 km de profundidad. Visitamos los antiguos volcanes de Krafla y Hverfjall. En Dimmuborgir caminamos entre las formaciones de lava solidificada en caprichosas formas y cuevas naturales. Desde Höfdi hemos contemplado las mejores vistas del interior del lago y hemos sufrido el acompañamiento de los temibles "mosquitillos" que habíamos leído en todas las guías. Una mezcla entre moscas pequeñas y hormigas voladoras, tremendamente molestas por estar revoloteando constantemente en la cara, el cuerpo, la ropa y demás.

Una de las cosas mas llamativas que contemplamos son las fumarolas de Hverir: chimeneas abiertas al exterior de las que sale vapor de agua que se ha producido cuando agua fría ha entrado en contacto con el magma interno de la tierra, produciendo su inmediata evaporación. El vapor sale al exterior con fuerza, a muy alta temperatura y un desagradable olor a huevos podridos. Toda esta energía de la naturaleza ha sido aprovechada por los Islandeses para producir electricidad en una estación geotérmica que recoge ese vapor agua.


Fumarola de Hverir.
Dormimos en un camping en el pueblo de Reykjahlid, ya que al ser parque natural el parking y la acampada libre están restringidos. Nos vamos a dormir (no porque sea de noche, si no por que estamos muy cansados, ya hablaremos de las horas de luz en otra entrada) espectantes con la visita de mañana: Dettifoss y Sellfos, las que probablemente sean las mejores cataratas que se puedan visitar en Europa. Si queréis comprobar conmigo si realmente es así, os emplazo a que lo comprobéis en la próxima entrada.
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17 de mayo de 2015

Los innombrables.

Recordar por donde vamos, el nombre del siguiente pueblo, el lugar que vamos a visitar, es... misión imposible. Deildartunguhver; Hraunfossar; Kleppjárnsreykir... son sólo algunos de los ejemplos. Por más que lo intentamos no hay manera. Consultamos los mapas, las guías una y otra vez, pero aún así cada uno acaba diciéndolo como puede y muchas veces ni entre nosotros nos enteramos de lo que está hablando el otro.

Bueno, iniciamos nuestro día visitando Hraunfossar una curiosa formación de cataratas en las cuales el agua aparece del suelo. Multitud de surgencias de agua que aparecen de la nada y se unen formando un caudaloso río.

Hraunfossar
Desde ahí retrocedemos desandando el camino de ayer y llegamos hasta Deildartunguhver, una surgencia de agua caliente de unos 98 grados centígrados. Está considerada la más caudalosa de Europa. Según hemos leído en algún blog de viaje, hay gente que ha llegado a cocer huevos metíendolos en unos calcetines y sumergiéndolos en el agua.

Una de las cosas que nos llaman profundamente la atención es que todos los lugares con algún interés turístico están señalizados, pero prácticamente no están acotados ni balizados, de tal manera que puedes acercarte completamente. El encanto reside en que se ven los lugares prácticamente sin haber sufrido ningún tipo de transformación.

Desde ahí enfilamos ya camino de la península de Snaefellsnes. El resto del día es un continuo sube y baja de la autocaravana. En nuestro recorrido vamos pasando por sitios idílicos, abruptos acantilados plagados de multitud de aves marinas, montañas que se elevan irregulares a pie de costa y magníficos escenarios naturales. Playas de arena dorada contrastan con otras de arena negra fruto de la intensa herencia volcánica de la isla. En Bùdir tenemos la inmensa suerte de ver una foca que se ha acercado a escasos metros del lugar donde hemos aparcado las autocaravanas.

Típica iglesia al lado del mar.
Las fechas que hemos elegido para hacer el viaje no pueden haber sido mejores. Aún no es plena temporada turística (comienza el 1 de junio) pero ya comienza a hacer buen tiempo y disfrutamos de temperaturas aceptables (estaremos rondando los 8 grados centígrados). Otra de las cosas favorables de estas fechas es que apenas hay turistas, lo que nos permite disfrutar de los paisajes casi en exclusividad. Es una sensación que nos acompaña desde que llegamos, esa sensación de estar disfrutando algo único, poco masificado, como descubierto por primera vez. 
Las carreteras parecen desiertas, apenas si te cruzas con un coche cada 10 kilómetros, pero las carreteras serán objeto de comentario en otra entrada.

Llegamos al final de la península y bordeamos el volcán Snaefellsjökull. En realidad ese es el nombre del glaciar que corona el extinto volcán, que exhibe su corona de nieves perpetuas. Según cuentan, su cráter helado fue elegido por Julio Verne para situar la entrada a las entrañas de la tierra en su famosa obra "Viaje al centro de la tierra".

Parte del equipo de aventuras con un inmejorable fondo.

Grundarfjördur es el pueblo al que llegamos a dormir. Pueblo pesquero abierto al fiordo, con escasa vida, por lo menos a las horas a las que nosotros llegamos.

Al día siguiente madrugamos y emprendemos camino hacia el norte. Después de valorar las diferentes opciones, decidimos no recorrer los fiordos del noroeste, por el estado de las carreteras, y por tener más tiempo para disfrutar del resto de la isla.

Salimos de la península de Snaefellsnes y volvemos a la carretera 1 (ring road) hasta llegar a las inmediaciones de Saudárkrókur. En el camino nos detenemos en el volcán Grábrók, a pie de la carretera principal. Según se ve, han habilitado recientemente el acceso hasta la cima y se puede bordear completamente el cráter. Una vez arriba el aire que sopla es brutal (ríete de los días de cierzo de cuando estudiaba en Zaragoza). Imposible mantenerse erguido. Las ráfagas de viento nos obligan a ir agarrados unos a otros y con suma precaución de no vernos empujados fuera del recorrido.

Curiosa formación rocosa al borde del acantilado.
Pocas paradas más realizamos durante el camino y el día transcurre principalmente a bordo de la autocaravana, devorando kilómetros hasta nuestro destino final. Antes de llegar al pueblo de Saudárkrókur, nos desviamos a la izquierda por una pista de grava unos 19 kilómetros hasta que llegamos a Keyfir. Pueblo no se le puede llamar. Más bien sería un paraje. Durante la pista se van salpicando pequeñas y solitarias granjas alineadas a lo largo de la costa del fiordo. De repente el camino se acaba en una verja cerrada y lo que  parece ser una granja más. Cruzamos la verja y comprobamos que en realidad es una zona de camping que esta cerrada hasta la época estival. Al final del recinto, casi junto en el borde del mar encontramos dos pozas de agua termal en las que nos introducimos rápidamente y aprovechamos para relajarnos, disfrutar y dar buena cuenta de unas cervezas mientras estamos sumergidos en un agua a 38 grados centígrados y unos 5 grados en el exterior. 

Finalizamos con una ducha de agua fría (helada), de esas que notas como la piel se encoje y te haces más pequeño... Todo un shock térmico que completamos corriendo en bañador hasta las autocaravanas. Sin dudarlo, uno de los sitios y experiencias recomendables si se visita este país.
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15 de mayo de 2015

Con la casa a cuestas.

Madrugamos en el alojamiento de Reykjavik. Mañana con división de tareas. Xabi y yo nos vamos a las 07:00 para coger un autobús de vuelta al aeropuerto de Keflavik, donde tenemos que recoger las autocaravanas. El resto del equipo puede dormir un poco más para después ir al "super" y hacer la primera compra de subsistencia para el comienzo de la aventura.

Cascada de Glymur.
Llegamos sin contratiempos y recogemos las autocaravanas con una hora de retraso por problemas con el pago de una de las tarjetas de crédito. Tiempo que amortizamos en interrogar al trabajador de la empresa de alquiler. Un inglés afincado en Islandia desde hace 18 años que nos pone al día sobre los pormenores de un viaje en autocaravana, donde dormir, qué ver, cuando repostar...

Tras un breve período de instrucción en todos los elementos y electrodomésticos necesarios para la vida a bordo emprendemos el camino de regreso a Reykjavik para recoger al resto de la tropa, que nos espera con las provisiones. 

Primera prueba superada: regreso al Guesthouse, sanos y salvos y ¡a la primera! Exprimimos al máximo nuestras dotes de orientación y mapa en mano llegamos al punto de encuentro a la hora prevista. 

Emocionados con nuestras viviendas para los próximos 15 días, comemos, distribuimos maletas, ropa y compra. Las autocaravanas impresionantes. Incluso nos han dado una un modelo más nuevo de lo que habíamos contratado. Ambas las alquilan como para seis personas, aunque realmente son para cuatro (las dos plazas extras salen de realizar un curso intensivo de bricolaje para montar la cama auxiliar).

Nos  ponemos en marcha y tomamos la carretera 1, también llamada "ring road", por describir un anillo completo alrededor de toda la isla. Será la principal carretera que utilizaremos para realizar nuestra aventura. La carretera empieza en Reykjavik, para terminar en el mismo lugar unos 2000 kms más tarde.

"Pequeñas" pruebas en el camino.
Primer destino: Glymur. Primera de las joyas que vamos a encontrarnos en este viaje. Se trata de un salto de agua natural de 198 metros de altura. “El nombre del salto proviene de una leyenda popular sobre la ballena Cabeza roja, que enloqueció y comenzó a atacar las barcas y hundirlas. Un viejo sacerdote que había perdido a sus dos hijos por culpa de la ballena bajó al fiordo y hundió su bastón en la orilla de mar. Cabeza roja acudió a su encuentro y siguió al sacerdote por el río. Cuando llegó al barranco por donde cae la cascada, el cauce le quedó tan estrecho que la tierra tembló a su paso, y de ahí el nombre a la cascada."

Para llegar hasta la cascada tenemos un trekking de unos 4 kms, con un paso de río y una ascensión hasta un nevero incluidos. Una vez llegamos arriba el espectáculo natural que contemplamos es impresionantes. Una casada que cae desde la parte superior de una estrecha garganta, pulverizando el agua que cae y aglutinándola de nuevo en el fondo para formar un caudaloso río que discurrirá hasta el mar.

Iniciamos el trekking lloviendo, ataviados con la ropa de agua, pero rápidamente el tiempo cambia y sale incluso el sol, que hace que disfrutemos todavía más del espectacular paisaje.

Recompensa al llegar a la cima.
Según iremos viendo los días siguientes, el tiempo en Islandia es tremendamente variable. En apenas unos minutos o kilómetros el clima cambia por completo. Según dicen por aquí "si no te gusta el tiempo que hace, espera 5 minutos".

Reconfortados por la excursión continuamos viaje hasta el comienzo de la etapa de mañana, un pequeño y pintoresco pueblo: Húsafell. Nos dejan aparcar en un área de camping cerrada en este momento.

Primer día de autocaravana finalizado. ¡¡A por los demás!!
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