16 de diciembre de 2011

Battanbang

De nuevo iniciamos el día en movimiento. Es esta ocasión el viaje se antoja corto. Algo menos de dos horas separan Battanbang de Pursat, el pueblo donde hemos estado los dos últimos días.

Battanbang será nuestro penúltimo destino en Camboya. Estaremos un par de días y de allí a nuestro destino final en Siem Reap, donde visitaremos los increíbles templos de Angkor.

Monjes budistas en los templos de Battanbang
Pero no nos adelantemos. Subimos de nuevo a un autobús, y esta vez se agradece que el aire acondicionado esté moderado, porque poco a poco los tres vamos cayendo alternativamente con mocos y toses. En esta ocasión viajamos con una compañía mas usada por los locales que por turistas y a lo largo de nuestro recorrido se suceden una serie de paradas cortas en las que coger y dejar gente. En una de ellas en concreto se montan dos chicas camboyanas que nos intentan vender (a todos los presentes) bolsas con fruta pelada lista para tomar. Es increíble como cada uno encuentra aquí su manera de ganarse la vida.

Un poco antes de dos horas llegamos a Battanbang. El hostel lo reservamos desde una agencia en Phnom Penh y como pasa siempre (y mas en estos sitios) lo de reservar sin ver tiene sus riesgos. Como no estamos muy conformes buscamos otro hostel para la noche del día siguiente (teníamos ya una noche pagada en este) y tras discutir un poco (gran gestión de Aitor) conseguimos que para la noche de hoy nos cambien a una habitación mejor (vais a pensar que somos unos "tikismikis", pero lo que estábamos pagando no era acorde a lo que nos estaban ofreciendo. ¡Pues anda que no tenemos nosotros ya experiencia!).

La ciudad en si tampoco tiene gran atractivo. Quizás lo mas relevante sea una concentración de templos y cementerio budistas en mitad del casco urbano. En su visita aprovechamos para charlar con uno de los monjes. ¿Sabíais que no se les puede tocar? Nosotros tampoco. Rehuyen el contacto físico. Nos henos enterado cuando hemos ido a darle la mano para despedirnos. Aprendemos cosas curiosas de su tipo de vida, centrada fundamentalmente en el estudio, la oración y la meditación. Y de como muchos de ellos eligen este camino cuando no han llegado incluso ni a la pubertad, siendo unos niños. 
Paseamos por los laterales del río donde han construido una especie de paseo fluvial.

Pasajeros al tren!!!
El día no da mucho mas de sí. Cerramos las actividades para el día de mañana y nos deleitamos con la gastronomía predominante del viaje, el arroz. Desde que comenzó el viaje no ha pasado ni un solo día que no hayamos comido o cenado arroz. En diferentes variantes, como plato principal o de acompañamiento e incluso como licor.

A la mañana siguiente hacemos la mochila de nuevo (tarea bastante depurada ya y que realizamos cada vez a mayor velocidad y precisión) y cambiamos de hostel. Parece mentira que cruzando la calle y por tan solo dos dólares más la habitación, el panorama cambie tanto. Ni punto de comparación. Nos acomodamos, desayunamos y comenzamos la excursión prevista para hoy.

Nos recoge el Tuc Tuc (otro medio de transporte que también dominamos) en la puerta del hotel y nos dirigimos en primer lugar al Bamboo Train (tren de bambú). Una atracción mas turística que interesante, pero que sabemos sacarle partido (aunque por el precio hayan sacado ellos mas partido que nosotros). Se trata de una vía de tren por la que no circulan trenes y que los habitantes de la zona han sabido aprovechar. A ver si consigo explicarme. Colocan dos ejes sobre la vía, separados una longitud de un metro y medio mas o menos. Después colocan una plataforma hecha de bambú sobre los ejes. Y sobre la plataforma un motor de gasolina, parecido al de una fuera borda. Uno de los ejes tiene una polea y hay otra polea en el motor. Ambas poleas se unen por una correa y ¡Voilá! ¡Ya tenemos tren!
Montados en el "bamboo train"
Nos montamos en la plataforma y empieza el viaje. Unos 7 kilómetros de vía, no muy recta y no exenta de uniones y empalmes, algo que no contribuye a aumentar la sensación de seguridad. Lo mas curioso de este sistema es que tan solo hay una vía que se utiliza de ida y vuelta. Si, seguro que os preguntáis que sucede cuando se encuentran dos plataformas, una que va y otra que vuelve. Pues nada, ningún problema, se para, se desmonta una de las plataformas, se quitan los ejes y ya está, vía libre (nunca mejor dicho). Se deja pasar, se vuelve a montar el "chiringuito" y se continúa el viaje. Llegamos al final del recorrido de 7 kilómetros. Nos apeamos y nos asaltan una horda de lugareños deseosos de vendernos lo que sea. Eso es lo malo de las atracciones turísticas. En el lugar se puede visitar un horno en el que fabrican ladrillos de barro y poco más. Damos una vuelta y retornamos por el mismo camino que hemos recorrido. La verdad es que la sensación de ver la vía, la naturaleza a ambos lados y el traqueteo de nuestro "tren" tiene un encanto especial.

Después nos dirigimos a visitar las ruinas de un antiguo templo, Prasat Banan. Debe ser muy parecido y en versión reducida a lo que nos espera en Siem Reap. Una larga y empinada escalinata, con escalones irregulares, nos recibe. Hacemos nuestra sesión de ejercicio diario subiendo hasta la cima, donde encontramos 5 antiguas construcciones de piedra, en un pésimo estado de conservación. Pero, a pesar de ello, el lugar alberga un encanto especial, además de unas inmejorables vistas de la llanura Camboyana.

Templos de Prasat Banan
Por último visitamos otro complejo de templos, Phonm Sampov, en la cima de una colina, que según la tradición local, tiene forma de cocodrilo. Más templos, estos ya más modernos, y más escaleras para arriba y para abajo. Esta última parte de la excursión, es quizás, la que menos ha merecido la pena. No obstante, tampoco nos preocupa. Disfrutamos del paisaje, de andar al aire libre y de los paseos en Tuc Tuc por la naturaleza camboyana. Es increible como después de tantos días juntos, seguimos manteniendo conversación, hablando constantemente.

De retorno ya en Battanbang, aprovechamos para amortizar la habitación del hotel y descansar y darnos una ducha. Hoy es sin duda el día más caluroso de cuantos hemos estado aquí. Entre la crema protectora, el repelente de insectos y el "after sun" estamos todo el día embadurnados. Pero bueno, podemos presumir (por lo menos de momento) de no habernos quemado y de mantener a los mosquitos a raya.

Manana ya abandonamos Battanbang con dirección Siem Reap, último destino en Camboya, donde previsiblemente estaremos dos días y de allí ya rumbo a Camboya. Pero bueno, como os digo siempre, seguid por aquí y ya os iré contando.

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