27 de mayo de 2017

Últimos pasos por la gran manzana.

Poco a poco el viaje va tocando a su fin. Echo la vista atrás y me parece increíble que haya pasado ya una semana entera. Pero así es. Siempre que salgo fuera, los primeros días transcurren de una manera lenta pero conforme estos van pasando soy consciente de que el tiempo transcurre mucho más deprisa. Una vez que te haces al lugar y a su gente es inevitable que incluso una pequeña rutina te invada. 


Hoy afortunadamente no madrugamos y aprovechamos para descansar después de la paliza que supuso nuestro viaje a la ciudad de Washington. Preparamos la comida y nos dirigimos a Central Park para un improvisado picnic. A pesar de que el día no es especialmente soleado comprobamos como los neoyorquinos siguen haciendo uso de este parque intensamente. No deja de resultar paradójico que se levanten la máxima cantidad de edificios posibles y que todo el suelo disponible se construye, pero que después se aferren a este reducto de naturaleza como si fuese su bien más preciado. ¿No sería mejor entonces hacer un crecimiento más sostenible e integrado con la naturaleza? Queda claro que nos aporta muchos beneficios y que la buscamos para descansar, desconectar, hacer deporte... Ahí queda mi reflexión.


El plan para hoy es visitar el museo metropolitano de Nueva York, otro de los imprescindibles en una visita a esta gran urbe. Y la verdad  es que no decepciona. Si es cierto que este tipo de museos, al igual que el British Museum en Londres o el Museo del Louvre en París despiertan en mí sentimientos encontrados, ya que, es inevitable sentir el expolio que se ha realizado en los países de origen para conseguir estas colecciones. Aunque por otra parte, hay que ser realistas y decir que de no haberse recuperado a tiempo algunas piezas, éstas no existirían hoy ya en sus países de origen.

Las zonas dedicadas al arte egipcio y romano son impresionantes, con multitud de esculturas, utensilios de la vida diaria e incluso templos completos que fueron desmontados piedra a piedra y vueltos a reconstruir en el interior de este gigantesco edificio. 


Invertimos todo el mediodía y parte de la tarde en explorar la mayoría de las salas de este edificio, situado en el medio este de Central Park. 


Vamos ahora a disfrutar de una vista diferente de la ciudad de Manhattan a bordo de un teleférico, no muy conocido para los turistas. Se trata como os digo de un teleférico que pertenece a la red de transporte público local y que sirve para transportar a los neoyorquinos desde la isla de Manhattan hasta la isla Roosevelt situada en mitad del East River. Esta isla se encuentra localizada entre Manhattan y El Barrio de Queens. Como todo suelo disponible es poco, la isla esta densamente poblada y edificada, la mayoría con edificios de alquiler o viviendas de protección social. El trayecto apenas dura cinco minutos pero ofrece unas vistas de la zona este de Manhattan espectaculares. Hacemos el trayecto de ida y vuelta disfrutando de las vistas a ambos lados de la línea del teleférico. Divisamos el edificio de las Naciones Unidas y al fondo una bonita imagen del edificio Chrysler. Resulta curioso como la cabina pasa muy cerca de varias torres de rascacielos y al pasar, se pueden ver los baños y dormitorios de la gente que vive allí. Imagino que nadie pensaría en no tener privacidad viviendo en un piso 25.


Desde la zona este de Manhattan nos dirigimos ahora al barrio de Chelsea justo en la zona oeste. Allí vamos a recorrer lo que sería el equivalente a una vía verde urbana. Se trata del antiguo trayecto elevado de un tren que recorría Manhattan y que tras haber sido desmontado se ha aprovechado su recorrido para hacer un parque lineal. Se concibió como una pasarela verde elevada y parque sobre los raíles de una antigua vía ferroviaria. Aprovechando que el sol ha salido y que es media tarde, el trayecto se encuentra abarrotado de gente. Peatones que lo hacen en ambos sentidos y multitud de gente sentada o tumbada en los pequeños parques, asientos y tumbonas que se encuentran diseminados por todo el recorrido. En esta ciudad vemos como cualquier pequeño trozo de césped es aprovechado por sus ciudadanos para sentarse a trabajar con el ordenador, descansar o realizar actividades al aire libre. 

La verdad es que con esta iniciativa han conseguido una pequeña vía de escape natural en el interior de la isla de Manhattan, completamente rodeado de mastodónticos edificios. 


 

Y así caminando llegamos a otro de los lugares emblemáticos de este barrio que es del mercado de Chelsea. Se trata de un mercado en la planta baja de un gran edificio en el que abundan principalmente tiendas de alimentación y pequeños restaurantes. La peculiaridad del lugar, además de la belleza arquitectónica, reside en su oferta multicultural ya que se pueden encontrar comidas y especias de prácticamente todos los lugares del mundo. 


 Nos perdemos entre sus tiendas y locales hasta que emprendemos el regreso en metro al apartamento. Hacemos nuestra última compra de comida en el supermercado de la cadena Key Food que tenemos al lado de la estación de metro donde salimos y que ha sido nuestro lugar de compra habitual. Cómo siempre, el supermercado se encuentra refrigerado en exceso, lo cual agiliza el proceso de compra y creeemos que el grado de conservación de las cajeras.


Os emplazo a la última entrada de este viaje para saber como termina nuestra aventura por las Américas.



1 comentario:

  1. Que bien escribes condenado!! Nos has trasladado a Nueva York con tu relato.
    He hechado de menos el 432 ParkAvenue,el nuevo icono de la ciudad junto con la Liberty Tower!
    Por lo demás impecable!
    Un saludo viajero 👋🏻

    ResponderEliminar